Si tenés una birome a mano, estás usando un invento que se perfeccionó y se convirtió en producto en Buenos Aires en los años 40. Ladislao (László) Bíró, periodista húngaro, se cansó de la pluma fuente: manchaba, se trababa y era un lío. La idea fue simple y brillante: una bolita en la punta + tinta que se seque rápido.

Ya en Argentina, el invento se registró y salió al mercado como “Birome”, por la mezcla de apellidos Bíró + Meyne (su socio acá). Y no quedó en prototipo: se armó producción en serie en Buenos Aires (incluso hubo fábrica en la calle Oro en 1944). Dato clave: la adoptaron pilotos porque escribía bien en altura, donde otras lapiceras fallaban.

Bonus: por Bíró, acá el 29/9 es el Día del Inventor.



