Capitulo 1 – Segunda parte.
Se acercaba la Navidad y cada vez me ponía más contento. No paraba de imaginar cómo jugaría con mi súper camión, había tenido un buen año en el colegio y me había portado bien, al menos así lo recordaba. Por eso, me merecía ese camión. Tampoco dejaba de comer helado, porque ese verano me propuse probar todos los sabores, incluso uno que era para adultos porque tenía alcohol. La verdad es que no llegué a probar ni la mitad de los sabores.
A la mañana, me fui a la plaza como de costumbre a jugar con mis amigos. Mi abuela me había dado unas galletitas riquísimas de chocolate que había horneado la noche anterior. La plaza era super divertida; nos juntábamos todos los chicos del barrio, jugábamos a la pelota, corríamos pájaros, jugábamos con los perros, disfrutábamos de los juegos de la plaza y trepábamos al árbol principal, que era gigante. Lo pasábamos bomba.
En el camino me encontré con René, que parecía tener como 20 años, pero en realidad solo tenía dos años más que yo. Lo que pasa es que René, al igual que su padre, era muy flaco y extremadamente alto; me sacaba como una cabeza. El papá de René era «botón», como le decía mi papá cuando él no escuchaba. Aunque René se enojaba mucho si le decíamos así, porque decía que los botones son los que van en la camisa y que su papá era un gran policía. Por eso, mejor le decíamos «Flacura», como le decía todo el mundo, para que René no se enojara, porque además, René pegaba muy fuerte y era mejor no hacerlo enojar.
Cuando estábamos por llegar a la plaza, nos cruzamos con Felipe, el dueño de la pelota, y solo me quedaba una galletita, así que se la di porque a veces, si no le convidabas, no te dejaba jugar. Jugamos un rato al fútbol y, como hacía muchísimo calor, decidimos sentarnos a la sombra del árbol principal, donde estaba el resto de la banda. Mientras comíamos unas papitas que trajo Daniel, otro de los chicos, y tomábamos un juguito que trajo René, comenzamos a charlar sobre los planes para la Navidad.
Les estaba contando sobre el camión que le había pedido a Papá Noel cuando René se empezó a reír y me dijo que Papá Noel no existía. Y ahí se armó una discusión bárbara.
Entonces le dije que yo lo había visto y él me respondió que era un hombre disfrazado. Carla, una de las chicas, dijo que lo había visto en una película y que vivía en el Polo Norte. A lo que él contestó que era una idiota, que esos eran actores. Eso me hizo enojar bastante porque Carla casi siempre trataba bien a todo el mundo.
También Daniel comenzó a discutir con Felipe, y creo que Daniel afirmaba que Papá Noel no existía, y se empezaron a empujar, así que no escuché más nada porque quería contestarle a René para taparle la boca. Le conté que mi seño de lengua, Beatriz, nos había hecho hacer un trabajo sobre Navidad y Papá Noel. Entonces me interrumpió diciendo que «era una mentirosa».
Me enojé y le pregunté:
—Si Papá Noel no existe, ¿quién pone los regalitos en el arbolito?
Y me dijo que seguramente mi papá o mi abuela.
Y ahí, ¡zaz!, me enojé muchísimo más. Insinuar que mi papá, mi abuela y la seño Beatriz mienten… ¡Qué bronca me dio! Si no fuera porque es tan alto y pega tan fuerte, le pegaría una trompada en la cabeza, pero mejor me fui a tomar mi primer helado del día.
Mientras disfrutaba del sabor más delicioso de todos los tiempos, «crema del cielo», no me paraba de hacer ruido la discusion con René, que siempre fue mi amigo del barrio y es de buen corazón. Me resultaba muy raro que dijera esas barbaridades. Y otra cosa que no paraba de hacer ruido era mi panza…
¿Qué secretos descubrirá Alex sobre la Navidad y qué nuevos misterios surgirán? No te pierdas la tercer parte de «Elmalpensado», donde las verdades comienzan a develarse!
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