viernes, abril 3, 2026

Nace un malpensado

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David Niztzschmamn
David Niztzschmamnhttps://eltresarroyense.com/category/autores/david-niztzschmamn/
Un alma sensible, de lágrima fácil y risa rápida. Prefiero morir en el intento antes que morir por no intentarlo. Con la valentía suficiente para jugársela a pesar de los miedos. Acepto la verdad aunque duela, porque sé que el dolor es pasajero, pero la verdad es eterna. Nacido en la ciudad del Fernet, adoptado por la ciudad del tango y sus conurbanos. De paseo por el país del chile picante y las playas paradisíacas, ahora atraído por un magnetismo inexplicable hacia Tres Arroyos. Padre, padrastro, compañero y amigo. Pero, ante todo, humano. Porque al final, la verdad siempre pesa menos que el miedo.
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Capitulo 1 – primera parte.

“Alex, escribile la carta a Papá Noel” —dijo papá.

Carta:
“Papá Noel, quiero el camión de bomberos, el de HOTWELLS, el que sale en la publicidad de la televisión, ese que dice MEGARIG, que se puede dividir en varios camiones más y que trae un helicóptero. También hace ruido de sirena para avisar que está llegando, tiene una cuerda para salvar a otros autos y un chorro de agua tan potente que puede romper piedras. QUIERO ESE SIN TRUCOS.

Resulta que el año pasado me había portado súper bien, saqué buenas notas y le pedí un autito con motor, de esos que se manejan como un auto de verdad. Pero cuando vino Papá Noel, me trajo uno a pedales que se parecía mucho… Al principio me emocioné, pero cuando lo vi de cerca y me di cuenta de que no tenía motor, me enojé mucho. Lo empecé a patear y gritar, y me dijeron que era un desagradecido. Que Papá Noel había viajado desde muy lejos para traerme mi regalo y que había chicos que no tenían regalos… y muchas otras cosas que no me importaban, porque estaba demasiado enojado con el gordo embustero.

En fin, esta vez le aclaré bien lo que quería, y nada de trucos. Desde aquella vez, la cosa no quedó tan bien con Papá Noel, y empezó a darme desconfianza que no entendiera un pedido tan simple como el de un auto con motor. Esa Navidad no la pasé muy bien, aunque tiempo después, en el cole, me di cuenta de que, al final, era uno de los mejores regalos.

Terminé de escribir mi cartita y se la di a papá. Él la miró, puso su típica sonrisa y esa mirada de ternura que le sale sin querer, y la dejó cuidadosamente debajo del arbolito. Teníamos un arbolito que realmente era arbolito, no era ni más alto que yo. Y eso porque papá, que era un poco tacaño con estas cosas, se quejaba siempre de que en Navidad se aprovechaban con los precios y que no quería gastar en algo que se usa una vez al año, y que esto y que lo otro.

Faltaba como una semana para Navidad y esa semana era genial. Siempre pasaba de todo: los chicos tiraban cohetes, a veces te tiraban con esa espuma de carnaval en la calle, todo el mundo estaba de fiesta y de buen humor. Incluso mi abuelo, que siempre estaba enojado por algo, en esas fechas se enojaba menos.

Al otro día, salimos con papá y mi abuela a hacer las compras. Él siempre decía que había que salir antes porque los incautos salían a último momento, había que hacer mucha fila y terminaban pagando de más… Bueno, esas cosas que decía él. Al salir, nos cruzamos con Marino, el vecino del frente. Un gordo con un bigote bien pronunciado y lentes, muy gracioso y que casi siempre andaba de buen humor. Lo raro es que iba vestido con un traje rojo, igual al de Papá Noel, pero sin barba ni gorro, lo que me hizo pensar que si no fuera por esos detalles, ¡habría jurado que era Papá Noel!

Encima, lo escuché quejarse con mi papá de un niño que le había tirado la barba, y ahí me perdí, porque me quedé pensando que Marino no tiene barba. ¿Se habrá confundido?

Primero compramos un montón de bebidas y comida, porque en Navidad en mi casa se invitaba a los vecinos y caían familias, y a veces también caían familias de las familias, y chicos que no conocíamos y nos quedábamos hasta re tarde jugando por la calle y era súper divertido.

Después fuimos al shopping, pero fue un poco raro porque mi papá le hizo como un gesto a mi abuela y enseguida nos fuimos a tomar un helado. En el camino a la heladería, de repente lo vi… ¡al mismísimo Papá Noel! O al menos eso pensé. No lo podía creer. Le pregunté a mi abuela si podía ir a aclararle el asunto del camión de bomberos y pedirle disculpas por lo de la Navidad pasada, pero ella me dijo que había mucha gente y que mejor tomáramos el helado tranquilos. Seguro Papá Noel ya sabía todo lo que quería decirle.

Nos volvimos a juntar con papá después del helado y llevaba un montón de bolsas muy lindas. Le pregunté qué eran, y me dijo que eran unas cosas que necesitaba para la oficina, con ese gesto raro que ponía de vez en cuando. Iba a preguntarle más cuando, en el piso de abajo, vi a otro hombre vestido como Marino, todo de rojo igual que Papá Noel, pero sin la barba ni el gorro. Y que si no era por ese detalle: era el mismísimo Papá Noel. Me pareció muy, muy raro, pero como estaba tan contento y papá me dijo de hacer una carrera hasta el auto, me distraje por ganarle y después me olvidé.

Los gordos de traje rojo como los de Papá Noel me dejaron pensando… Pero, en ese momento, no importaba. Era solo una sensación. Y después de todo, era Navidad, ¿qué podría estar mal?

A veces, lo que creemos no es realmente lo que está ocurriendo… Pero si pensás que Alex ya empezó a malpensar demasiado, esperá a ver lo que se le viene. ¡No te pierdas la próxima entrega de ‘Elmalpensado’!


La publicidad del camión de bomberos:


Más sobre el autor: Página del autor.

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