Sacá al salvaje animal que tenés adentro, el que llevás en el pecho.
El que ruge.
El que da calor.
El que no pide permiso.
El de la grandeza.
El que sabe sobrevivir, nacer, crear.
El de la conciencia.
El que no tiene miedo.
El que te hace sentir.
Al fin de cuentas, no hay nada más.
Para eso estás acá: transformándote en tu mejor versión.
Es simple.
Sentí la lección. Sentí el llamado.
Está en tu conciencia.
No puede dártelo nadie.
Pueden mostrártelo, pero sos vos quien debe tomarlo.
La decisión es tuya.
A veces te grita en la cara… y no querés verlo.
Te portás como una piedra congelada.
Quizás el momento sea ahora.
Antes de que te mueras.
Y cuando te preguntes qué es ese sentimiento…
Es lo mismo que siente un ciego cuando ve por primera vez.
Acordate de lo que te digo cuando me digas: “Tenías razón”.
Era solo otro conocimiento.
Te deseo que entiendas este pensamiento simple:
que es mejor que la gordura de la rendición.
Pero te entiendo si en este momento pensás que esa comodidad es mejor y te salva.
Y si estás teniendo una pequeña picazón adentro con este extraño mensaje…
Quiere decir que quiere salir.
Este mensaje no es tan extraño para vos.
Es cuestión de dejar de decir basta… y abrir la puerta de una vez.



