Sin darnos cuenta, parpadeamos entre 15 y 20 veces por minuto. Al estirarlo a todo un día, eso suma más de 20.000 parpadeos. Lo curioso es que, si juntaras todos esos microcierres, pasarías casi dos horas con los ojos cerrados.
Cada parpadeo lubrica, limpia y descansa el sistema visual. El cerebro aprovecha ese instante para “marcar” escenas y mantener la atención. Pero cuando estamos frente a pantallas, parpadeamos menos: ahí aparece el ojo seco, el cansancio y la vista quemada.
Lo hacemos mientras leemos un mensaje, miramos una serie o cruzamos la calle. Es tan automático que no lo contamos como parte de nuestra vida… aunque ocupa lugar igual.
👉 Hasta lo invisible pesa. Cuidar cuándo y cómo miramos es también cuidar cómo pensamos.



