Voy a asumir mi identidad frente al espejo impostor, no habrá máscaras que puedan retener mi sonrisa por mas tiempo, todos los plazos se cumplen y hasta la derrota perpetua prescribe. Me declaro desertor del olvido, ya no hay fronteras que limiten la intemperie ni ambiguedades que censuren inquietudes. Me detengo entre dos latidos, y un tercero me rescata. Tengo el privilegio de pertenecerme mas allá del blanco o negro, y la nada es menos nada cuando se la transita con una esperanza al hombro, voy tras el abrazo perdido por la senda del desencuentro y me sorprende tu mano, mas anónima que nunca. Y nunca más necesaria que ahora.
Soy un tal vez demorado en un quizás, una palabra sin voz, y sin vos, no hay palabras que vulneren los sonidos para llamar a la unión, solo proyectos truncos de un bienestar que nunca se concreta, un despertar que no llega a la cita para acabar el mal sueño, un encuentro que se posterga por tiempo indefinido y una grieta que aletarga nuestro nexo.
| Vamos a demostrar que somos pares, que el odio serial no nos desmenuce como sociedad y nos convierta en armas enfrentadas. No seamos voluntarios de una guerra que no merecemos, ni rehenes de promesas incumplidas. Crucemos juntos el umbral del futuro.
Somos tan necesarios como inevitables, sumemos voluntades antes que nos resten lo que por derecho nos pertenece, el tiempo pasa y es hora de un encuentro.
Asociemos nuestros colores para honrar una misma bandera.
Tu patria es la mía.



