Mientras algunos enfoques intentan presentar el achique del trabajo como una novedad, los datos muestran otra cosa: el deterioro del empleo, la caída del salario y el avance del autoempleo vienen de arrastre, tanto en la Argentina como en Tres Arroyos.
A nivel nacional, hasta el propio DNU 70/2023 reconoció que el empleo formal registrado “no crece desde el año 2011”. No es una frase menor: es la admisión oficial de que la crisis laboral no nació ayer ni puede explicarse como un fenómeno repentino.
El problema tampoco se limita a la cantidad de puestos. También se deterioró el ingreso. Argendata señaló que entre 2013 y 2023 el ingreso laboral real cayó 38% entre los varones y 40% entre las mujeres. Es decir: aunque una persona conserve trabajo, eso no implica que viva mejor.
Los últimos números del INDEC tampoco permiten hablar de una crisis “recién llegada”. En el cuarto trimestre de 2025 la desocupación fue del 7,5%, contra 6,4% un año antes, y la informalidad laboral alcanzó el 43% en los 31 aglomerados urbanos relevados. El mercado laboral no muestra una ruptura nueva, sino la profundización de una fragilidad que ya venía instalada.
En Tres Arroyos, además, sobran antecedentes para desmentir cualquier intento de presentar este cuadro como algo reciente. En 2018 ya cerraba el histórico supermercado El Planeta y dejaba a 22 familias sin trabajo, después de arrastrar problemas desde 2017.
Más cerca en el tiempo, el propio panorama local volvió a mostrar señales durísimas: en septiembre de 2025 se habló de un golpe laboral que afectaba a unas 150 familias entre Mustad y el frigorífico Anselmo, y hace apenas días se publicó que, según la Oficina de Empleo, Tres Arroyos perdió unos 200 empleos formales en un corto lapso tras los cierres de 2025. Incluso esa misma lectura reconoce que hoy crece el autoempleo como estrategia de subsistencia.
Por eso el punto de fondo no es si hoy hay problemas laborales. Claro que los hay. El punto es otro: contar esta situación como si hubiera aparecido de golpe distorsiona la realidad. La crisis del trabajo no empezó ahora. Lo que pasa ahora es que sus consecuencias ya son demasiado grandes como para seguir maquillándolas.






