La “dieta” no es ni más ni menos que el patrón alimentario que puede llevar cualquiera de nosotros en su día a día. Solemos usar esta palabra para referirnos a algo restrictivo, pero no es así necesariamente. ¿Cuál es la mejor dieta que podemos tener? Sin dudas, aquella que se adapta a nuestra individualidad, nuestra situación socioeconómica, cultural y que sea lo suficientemente flexible como para ser variada, adecuada y placentera.
Ahora bien, te estarás preguntando en qué punto se relaciona la alimentación con nuestras emociones.
Los seres humanos somos, mayoritariamente, seres emocionales y solemos utilizar la comida para atravesar distintas sensaciones y emociones. ¿Cuántas veces nos pasa de reunirnos a comer para festejar algo, estar en casa aburridos y comer, sentirnos tristes y buscar algo rico para levantar el ánimo, o estar ansiosos y comer para calmarnos? Podríamos seguir nombrando momentos que nos llevan a la comida casi sin pensarlo.
Para que estos momentos no terminen indefectiblemente en la comida, tendremos que trabajar en adquirir nuevas herramientas y recursos, y así tratar de canalizar esas emociones por medio de otra actividad. Por ejemplo, si estoy aburrido, puedo buscar una actividad que mantenga mi mente y manos ocupadas; las manualidades suelen ser una buena opción.
Siempre recordemos que la comida, además de nutrirnos, significa mucho para nosotros. Tratemos de buscar el equilibrio entre disfrutar y no dañar a nuestro cuerpo con ingestas inadecuadas tanto en calidad como en cantidad.
Estoy para ayudarte. Si necesitás orientación o querés mejorar tus hábitos, no dudes en consultarme.
Lic. En Nutrición MP 6764 / Comunicadora
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