En 2008, en medio de la campaña presidencial norteamericana, Los Simpson emitieron un episodio donde un personaje fantasea con “algún tipo de dictador militar, como Juan Perón”. Era un gag rápido, apenas unos segundos. Pero detrás del chiste hay una intuición cultural que atraviesa fronteras: el nombre de Perón funciona, incluso para el público estadounidense, como sinónimo de poder autoritario con barniz popular.
El guionista Michael Price jamás dio una explicación profunda. Dijo que el capítulo, E Pluribus Wiggum, nació como sátira de las primarias y del marketing político. Sin embargo, eligió a Perón —y no a Pinochet, Castro o Chávez— para ilustrar ese deseo absurdo por un líder fuerte. En la cabeza de los guionistas norteamericanos, Perón ya era un cliché global: el militar carismático que desaparece opositores y tiene una esposa estrella de cine.
Lo notable es que, mientras la serie amarilla lo usaba como ejemplo de dictadura en tono de comedia, Argentina todavía evitaba discutir abiertamente la violencia estatal de su primer peronismo: la masacre Pilagá de 1947, el cierre de medios, la persecución a Borges, la agresión a Ana Guzzetti. Todo eso era historia incómoda. En Springfield, en cambio, bastaba con una línea para describirlo.
FOX Latinoamérica decidió no emitir el episodio en 2008 “para no reabrir heridas”, y el chiste pasó a ser casi tan tabú como los temas que la propia historia argentina esquiva. Pero el eco quedó: incluso la cultura pop global entendió antes que muchos argentinos que el peronismo también tuvo verdugos.
La serie exagera para reírse. Nosotros, para no mirar.




Me impactó la conclusión, exagerar para no mirar 🫣…muy bien artículo ❣️