Hay inventos que nacen para cambiar una industria. Otros empiezan simplemente porque alguien imagina una manera distinta de hacer algo.
José Jurado Jaime pertenecía a esa clase de personas que no dejaban de pensar cómo construir, modificar o mejorar lo que tenían delante. Y uno de sus primeros proyectos terminó protagonizando una escena difícil de imaginar hoy: cuatro amigos viajando desde Tres Arroyos hasta Claromecó con una casilla rodante tirada por dos bicicletas.
La bautizaron La Golondrina.

La casilla rodante que llegó hasta Claromecó
“Pety”, como lo conocían desde chico, era todavía muy joven cuando diseñó y construyó aquella particular casilla.
No tenía motor. El sistema estaba pensado para que fuera remolcada por dos bicicletas, y el proyecto no quedó solamente en un dibujo o un prototipo guardado en un taller.
Junto a otros tres amigos salió rumbo a Claromecó.
La travesía incluyó una parada en San Francisco de Bellocq y finalmente La Golondrina llegó a la playa. Las fotografías que sobrevivieron muestran tanto el esquema del vehículo como la casilla desplegada sobre la costa y a los jóvenes durante aquel viaje.
Décadas después, el propio Jurado Jaime recordaría aquella aventura en una entrevista realizada en 2015 y señalaría a La Golondrina como su primer invento.

De aprendiz en Tres Arroyos a una vida dedicada a inventar
José Jurado Jaime había nacido el 25 de noviembre de 1926 en Málaga, España, pero llegó siendo muy chico a Tres Arroyos, donde transcurrió buena parte de su vida.
Estudió en las escuelas 26, 7 y 15. Después comenzó como aprendiz en una tornería y a los 20 años ingresó a Istilart, donde trabajó durante doce años. Más tarde pasó por la fábrica Durando, vinculada a la producción de los artefactos Eskabe, antes de independizarse y abrir su propio taller, El Caimán.

Con el tiempo se trasladó junto a su familia a Bahía Blanca y allí también quedó ligado al mundo de la invención, integrando la organización de inventores de esa ciudad. Después regresaría a Tres Arroyos.
Pero La Golondrina había sido apenas el comienzo.

Fusibles, pasadores, una máscara para pintores y un invento para pacientes
A lo largo de las décadas desarrolló sistemas de fusibles, pasadores especiales para puertas y una protección para pintores diseñada para evitar que los anteojos se empañaran mientras trabajaban.
Uno de sus desarrollos más importantes fue el MU-K-MA, un dispositivo pensado para movilizar personas enfermas o con discapacidad.
En septiembre de 2005, el diario Río Negro mencionó a José Jurado Jaime entre los integrantes del movimiento de inventores de Bahía Blanca y registró que para entonces tenía nueve patentes aprobadas.
Un año después, La Nueva informaba que el MU-K-MA había despertado interés fuera del país para una eventual industrialización.
Las reconstrucciones posteriores de su historia hablan de una cifra mayor: LU24 señaló que llegó a generar una docena de patentes, mientras que 7500 consignó que gestionó entre diez y doce. La diferencia parece responder al momento en que fue registrada cada cifra: las nueve patentes aparecen documentadas ya como aprobadas en 2005.

El inventor que nunca vivió de sus inventos
Hay un detalle que resume buena parte de su historia.
Jurado Jaime llegó a acumular patentes, construyó prototipos, participó de una asociación de inventores y continuó imaginando soluciones incluso con el paso de los años. Sin embargo, según recordó él mismo, nunca llegó a vivir económicamente de aquello que inventaba.
Su trayectoria quedó mucho más ligada al oficio, los talleres y la búsqueda permanente de soluciones que a la fama.
Y quizá por eso La Golondrina resulta hoy tan representativa de su historia: antes de las patentes, las asociaciones y los proyectos más sofisticados, hubo un joven en Tres Arroyos que imaginó que podía construir una pequeña casa sobre ruedas, engancharla a dos bicicletas y salir con sus amigos rumbo al mar.
La construyó.
Y llegaron a Claromecó.









Al final … ERA UNA CARPA !!