Lectores en este momento: ...
6.3 C
Tres Arroyos
martes, septiembre 15, 2026
6.3 C
Tres Arroyos
Lectores en linea: ...
- Advertisement -spot_imgspot_img
- Advertisement -spot_img

Un boliche prestado y 600 jóvenes: así nació la Fiesta de la Primavera que marcó generaciones en Claromecó

Más Leídos

ElTresArroyense
ElTresArroyensehttps://eltresarroyense.com
En este medio vas a encontrar entretenimiento, opiniones, análisis y comentarios sobre lo que está pasando, cuestiones sociales, culturales y locales, siempre con una mirada crítica y constructiva. Nuestras articulos editoriales e investigaciones buscan ser una voz que acompañe, cuestione y dialogue con nuestros lectores, aportando una perspectiva propia sobre lo que sucede en Tres Arroyos y en el mundo. Este es un lugar para pensar juntos y construir desde la palabra.
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_imgspot_img

Hay tradiciones tan incorporadas a la vida de una ciudad que llega un momento en que parece que estuvieron ahí desde siempre. En Tres Arroyos pasa con septiembre y Claromecó: llega la primavera, miles de jóvenes empiezan a organizarse y el balneario vuelve a convertirse durante algunos días en territorio estudiantil.

Pero hubo una primera vez.

No nació de una gran organización, ni de una campaña turística, ni de un escenario armado frente al mar. Nació de un grupo de amigos que iba a Claromecó, se aburría y decidió hacer algo para cambiarlo.

Más de cuatro décadas después, aquella idea sigue viva.

Antes de la fiesta, Claromecó ya empezaba a reunir estudiantes

La historia tiene algunos antecedentes. Una reconstrucción realizada por Fabián Debesa sobre la juventud de la zona señala que entre 1979 y 1980 comenzaron a realizarse en Claromecó encuentros estudiantiles con competencias deportivas para celebrar el Día del Estudiante. Todavía no era la Fiesta de la Primavera que conocemos hoy, pero algo empezaba a ocurrir: septiembre comenzaba a encontrar a los jóvenes del distrito junto al mar.

El salto llegaría poco después, a comienzos de los años 80.

Uno de los nombres inseparables de esa historia es José Luis “Oso” Suárez, aunque él mismo se ocupó de relativizar siempre el título de “creador”.

En una entrevista con LU24 en 2020 lo resumió de otra manera: “el inventor fue toda una generación”.

Y probablemente ahí esté la verdadera explicación de por qué la fiesta sobrevivió tanto tiempo.

“Íbamos y nos aburríamos”

El origen fue mucho menos solemne de lo que podría imaginarse viendo lo que la Primavera llegaría a ser décadas después.

Suárez recordó que ellos ya viajaban a Claromecó, pero por las noches prácticamente no tenían qué hacer. Entonces apareció una de esas ideas que entre amigos pueden quedar olvidadas al día siguiente o terminar transformándose en algo enorme.

Decidieron que al año siguiente iban a abrir un boliche.

Consiguieron que Yamó les prestara el local y organizaron la noche. No había detrás un proyecto para crear una fiesta tradicional ni la intención de convocar a generaciones enteras. Querían divertirse.

Funcionó.

Al año siguiente ya aparecieron dos boliches compitiendo entre sí y la costumbre empezó a tomar forma. Para 1982, según recordó el propio Suárez, alrededor de 600 personas participaron de aquellos festejos.

Claromecó empezaba a descubrir lo que septiembre significaría durante las siguientes cuatro décadas.

El viaje de egresados que muchos podían pagar

Hay otro detalle que ayuda a entender por qué la idea prendió tan rápido.

Para muchos jóvenes de aquellos años, viajar varios días con sus compañeros después de terminar la secundaria era demasiado caro. La Primavera de Claromecó apareció entonces como una alternativa mucho más cercana y posible.

El propio Oso la describió como una especie de reemplazo del viaje de egresados: pasar cuatro días con los amigos, lejos de la rutina cotidiana y con una libertad que, para adolescentes de comienzos de los 80, tenía un significado especial.

Una reconstrucción publicada por La Voz del Pueblo años más tarde utilizó prácticamente la misma imagen: aquello había nacido como “una suerte de viaje de egresados, pero cerca, en la playa”.

Ese probablemente fue el secreto.

No era solamente salir a bailar. Era irse.

Durante unos días, Claromecó pertenecía a los estudiantes.

De Yamó y El Tucu a una fiesta cada vez más grande

Después llegaron los nombres que todavía despiertan recuerdos en distintas generaciones.

Los primeros años estuvieron ligados a Yamó y El Tucu. Más adelante apareció Chaplin y luego llegaron Puerto Libre y Monkey, que tuvo un papel central durante los años 90. También se incorporaron las actividades durante el día en el recordado ex camping municipal y comenzaron los recitales al aire libre.

La fiesta dejó de ser únicamente una historia nocturna.

Cada generación fue agregando algo propio: otros boliches, otra música, nuevas formas de juntarse y nuevas costumbres. Lo curioso es que el mecanismo básico permaneció casi intacto: amigos que alquilan una casa, preparan bolsos durante días y se instalan en Claromecó para vivir juntos una semana que después recordarán durante años.

También cambiaron los problemas. Con el crecimiento de la convocatoria aumentaron los controles, los operativos de seguridad y la preocupación por los excesos, especialmente vinculados con el alcohol. La celebración espontánea de los primeros años se convirtió progresivamente en un acontecimiento que requiere organización pública y privada.

De los 600 jóvenes de 1982 a varias generaciones

En 2024, La Voz del Pueblo calculaba que la costumbre llevaba 43 años en el distrito.

En 2025, otro medio local definió directamente a la Fiesta de la Primavera como un signo identitario de Tres Arroyos y Claromecó, y señaló algo difícil de discutir: ya existen tres y hasta cuatro generaciones atravesadas por aquella experiencia.

Quienes fueron adolescentes en los 80 volvieron después como padres. Algunos de aquellos jóvenes hoy tienen hijos —e incluso nietos— que también esperan septiembre para ir a Claromecó.

Los nombres cambiaron. Los boliches también. Yamó, El Tucu, Chaplin, Monkey y tantos otros quedaron asociados a épocas distintas. Las canciones que alguna vez fueron el sonido de una Primavera hoy son música de otra generación.

Pero el ritual sobrevivió.

Y todo parece haber empezado de una manera extraordinariamente simple: unos amigos fueron a Claromecó, se aburrieron y decidieron que al año siguiente iban a hacer algo distinto.

Probablemente ninguno imaginó que, más de 40 años después, miles de tresarroyenses seguirían haciendo exactamente lo mismo cada septiembre: preparar las cosas, juntarse con amigos y poner rumbo al mar.

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img

Entradas relacionadas