El Movimiento Vecinal, Roxana Calvo y Sánchez
No hay ningún plan maestro. Que me disculpen algunos colegas, pero hace meses juegan a ser Horangel basándose en percepciones, muchas veces sin mirar el partido, sin pisar el Municipio, sin hablar con protagonistas, sin ver lo que ninguna cámara muestra y hasta sin seguir las sesiones del Concejo.
Pero los hechos son hechos.
Y esto quedó documentado por primera vez en mi columna de mayo. No porque sea tarotista: porque los hechos se notan.
Sánchez volvió y habló de todos menos de Roxana Calvo. Después compartió espacios con casi todos menos con Roxana. Mientras una parte del vecinalismo miraba hacia La Libertad Avanza —Roxana y sus ahora confundidos nuevos colegas— otra seguía agarrada a Sánchez como una garrapata.
No hace falta explicar quiénes. Alcanza con contar cuántas veces pronuncian «Sanchez»
No hay secreto. El Movimiento Vecinal, que siempre estuvo roto, volvió a romperse por dentro.
Cuando Calvo todavía tenía peso dentro del espacio, las redes del MV eran prácticamente una declaración de guerra contra el oficialismo. Después reapareció Sánchez diciendo que había que bajar el tono. Finalmente Roxana se fue diciendo, en su propia gacetilla, que le habían pedido bajar el perfil y dejar de visibilizar su trabajo.
No hace falta ser Horangel.
Y tampoco es nuevo.
Ya había tensión cuando compartía banca con Marcelo León, Claudia Diez y Mariano Hernández, que todavía sigue ahí y a veces parece más sanchista que el propio Sánchez. Después llegaron Patricio Roché y María Saavedra, ambos electos tras una campaña que tuvo a Roxana como jefa, y parecía que finalmente podía imponerse esa forma de hacer política que ella venía intentando construir.
Duró hasta que volvió Sánchez.
Y el Movimiento Vecinal perdió a una de sus figuras más reconocibles para volver a quedar orbitando alrededor de su viejo y retirado dueño.
En un nido de cuervos, las disputas suelen ser territoriales o de jerarquía. En la caverna del MV, además, hay un rey que nunca termina de soltar el poder, viejas formas de autoridad y demasiada comodidad entre quienes hicieron carrera a su sombra.
Y acá hago un paréntesis personal.
Leí críticas de todo tipo contra Roxana. Tendrá defectos, por supuesto. Yo mismo tuve diferencias con ella. Pero cualquiera que realmente haya trabajado a su lado —concejales, compañeros o periodistas— sabe algo imposible de negar: Roxana Calvo es obsesivamente trabajadora.
Y ahí aparece la ironía.
Salió del nido de cuervos cavernícolas para meterse en el nido de las serpientes.
Porque Roxana no llegó hasta acá por un llamadito de arriba. Se ganó su lugar trabajando. Y ahora, buscando un espacio donde ese trabajo sea valorado, termina entrando a otro atravesado por sus propias internas, con cuestionamientos por machismo, que se evidencian en las sesiones y con dirigentes capaces de menospreciar públicamente a sus propios compañeros (llevandolos hasta la angustia, sin ningun compadecimiento) o leer estadísticas de pobreza mientras afuera la gente la está pasando como el culo.
Roxana, para mí, no es eso. Y esta vez tengo un profundo deseo de tener razon.
Antes le fue difícil.
Ahora tendrá que aprender dónde se metió. ¿Karma? No lo sé, los hechos son hechos:
Su mandato como concejal termina en 2027. Y si quiere seguir existiendo políticamente dentro del palacio municipal, tarde o temprano tendrá que volver a aparecer en una lista: como candidata a concejal, a intendenta o a lo que decida.
Y ahí entramos en el próximo nido, en donde hasta el secretario desparrama veneno.
La Libertad Avanza.
La Libertad Avanza
¿Todas las serpientes nacen venenosas?
Algunas sí. Otras no.
Y las que no lo son y no consiguen disimularlo, terminan afuera.
La interna libertaria ya explotó. Y La Gran Estafa está consumada. Lo voy a repetir las veces que haga falta porque esa fue siempre mi tesis: vinieron con la bandera de terminar con la casta mientras llenaban el nido con la misma política que decían venir a combatir.
Es la especie más peligrosa: la que engaña antes de morder.
Pero dentro del nido también están los que no nacieron venenosos y terminan adaptándose: la juventud. Pibes que empiezan a cargar hipocresías, odios y guerras de adultos que ni siquiera les pertenecen.
Y ahí el daño deja de limitarse a una banca o a una sesión del Concejo.
También empezaron a asomar los que todavía conservan la foto de Alfonsín como decorado mientras evalúan hasta dónde acercarse al libertarismo. Serpientes que cambian de piel según el clima. Una parte del radicalismo dispuesta a discutir alianzas incluso con un espacio cuyo veneno podría terminar matándola. Y la ironía es hermosa: los no peronistas buscando juntarse con quienes alguna vez fueron a buscar al mismísimo Carlos Sánchez. Porque no hay ideales, hay ambición.
Mientras tanto, el PRO avanza ya está adentro.
Así queda este nido: libertarios originales desplazados, dirigentes del PRO incorporados, radicales mirando de reojo, rupturas, expulsiones y cada vez más actores intentando capitalizar un espacio que no se agranda al mismo ritmo.
Cada vez hay más serpientes y el nido sigue teniendo el mismo tamaño.
Y ahora entra Roxana Calvo.
Una figura que, a diferencia de buena parte de ese armado, ya llega con conocimiento público, trabajo legislativo y una identidad política propia.
Así que esta vez sí voy a jugar a Horangel.
Su mandato termina en 2027.
¿Será que Roxana entró al nido con la promesa de una candidatura a intendenta?
Y hasta acá llego por hoy.
Porque todavía falta bastante fauna.
Quedan ¿Nuevos? Aires, los radicales y, sobre todo, el peronismo: el único lugar donde adentro de una interna puede haber interminables internas y, adentro de esas, probablemente más, internas.
Garate, el massismo, Barragán, el MDF, Cuto Moreno, Elgart, Carla Moreno, el Movimiento Evita, La Cámpora y varias tribus más que hoy parecen caminar juntas pero ya empiezan a mirar el cartel que dice 2027.
¿Juntos? ¿Separados? ¿ juntos pero a quinientos kilómetros de distancia?
El resto del zoológico, segunda parte.
Suficiente fauna para un solo domingo.
Muchas gracias por leer.










