domingo, agosto 2, 2026
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Todo prestado

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En Tres Arroyos la campaña de 2027 ya empezó. Sin candidatos ni propuestas. Hace rato empezaron a hacer cuentitas y es lo que hay, nada más. Cuántos votos tienen, cuántos les faltan y con quién tendrían que juntarse para llegar.

Todo prestado.

Garate gobierna con votos prestados. El oficialismo no tiene mayoría propia y necesita construir una distinta para cada proyecto. El nuevo organigrama municipal —uno de los tantos ejemplos— salió por 10 votos contra 8 gracias a apoyos que llegaron desde afuera de su bloque.

¿Es esto un problema? Por ahora, para el oficialismo, no. El problema comenzaría si esos votos prestados cambian de dirección.

La oposición prestada

La Libertad Avanza local se presenta como algo nuevo, pero en realidad lo único nuevo es el sello. Un sello prestado, porque sus dirigentes vienen desfilando por distintos espacios desde hace años. Es decir, vienen a combatir la vieja política siendo ellos mismos la vieja política.

Lo único que les quedó para disimular esta condición es Ignacio Schena, quien no tiene un pasado político, pero mantiene un fuerte vínculo con el excandidato a intendente del PRO Matías Ffhürer.

Lo más parecido a algo nuevo que tenían era Vanesa Piacquadío, que terminó expulsada del bloque. La renovación incluyó dejar afuera a trabajadores y militantes originales y adueñarse de un espacio porque recibieron un llamado de arriba.

Y acá no estamos ante la palabra de una parte contra la otra. Las dos partes cuentan la misma historia.

De esta manera comienza esta LLA-A, con una “A” de Alianza que intenta disimular una alianza que en Tres Arroyos no existe, porque prácticamente todos sus integrantes tienen vínculos con el PRO.

Como eran casta, recibieron el llamado de la casta. De arriba. Y sin demasiados tapujos ni reparos, se quedaron con el trabajo ajeno.

El PRO y el radicalismo compartieron durante años la casa de Juntos por el Cambio. Esa casa se rompió. Parte del PRO terminó acercándose a La Libertad Avanza y el radicalismo quedó buscando dónde pararse.

¿Y dónde está parado?

Nadie lo sabe. Ni siquiera ellos. Están tan rotos que, por donde se mire, hay un pedazo de radicalismo dando vueltas.

El Movimiento Vecinal, mientras tanto, está dispuesto a relegar y poner en juego lo único claro de su identidad, su razón de existir: “El Movimiento Vecinal no responde a partidos de afuera”.

Podrá discutirse cómo gobernó, qué hizo bien, qué hizo mal o cuánto envejeció. Podremos no saber cuáles son los valores que representa, podrá no existir una declaración de principios y podremos desconocer prácticamente todas las posturas de sus dirigentes.

Pero había una sola cosa clara.

Y hoy ya no lo está.

Una alianza con La Libertad Avanza puede servir para ganar. Pueden volver al municipio. Pero el precio sería negociar la única idea clara que justificó durante décadas la existencia del Movimiento Vecinal.

Los ideales de plastilina

Es así como esta oposición se convierte en plastilina. Pretenden llegar al poder mediante una cuentita, sin una ideología que defender, sin valores firmes y sin ideales que no puedan negociarse.

Hace seis meses se tiraban de los pelos, pero después, con la calculadora en la mano, cambian de opinión. Un día Gancedo y compañía se despiertan siendo del PRO y al otro día son libertarios.

Un día este medio es “el único que se anima a decir las cosas” y al siguiente es “malintencionado, poco creíble y tendencioso”. Aun así, siguen llegando las invitaciones para cubrir los eventos del mismo grupo del que Finocchio se adueñó, también por pertenecer a la casta y recibir llamados de arriba, sin haber construido ese espacio.

El radicalismo tampoco escapa a la plastilina. Durante años fue aliado del PRO. Después se rompieron. Una parte mira hacia La Libertad Avanza, otra intenta reconstruir Juntos y otra todavía no sabe muy bien con quién quiere estar.

Mientras tanto, sus internas muestran a dirigentes agarrándose de los pelos para controlar un partido que ni siquiera consigue explicar qué proyecto tiene para Tres Arroyos.

No pueden ordenarse entre ellos, pero pretenden ordenar la ciudad.

Así funciona la plastilina. Como no tiene una base firme, cae para donde puede. Para donde la empujan. O para donde más le conviene.

El problema no es que hagan acuerdos. El problema es que detrás de esos acuerdos no aparece ninguna idea, ningún valor y ninguna convicción.

Solo una calculadora.

Todo es prestado porque ninguno tiene nada propio para ofrecer.

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