martes, julio 21, 2026
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El 64% tiene menos sexo que al inicio de la convivencia: qué dice la UBA sobre perder el deseo

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En resumen, si andás corto de tiempo

Un estudio de la Facultad de Psicología de la UBA aporta un dato que puede aliviar —o encender— una pregunta frecuente: tener menos relaciones con los años no significa necesariamente que el deseo haya desaparecido.

Al principio alcanzaba una mirada, un mensaje o cualquier momento libre. Años después, el cansancio, las obligaciones y la rutina ocupan casi todo el espacio. Los encuentros se vuelven menos frecuentes y aparece una pregunta difícil de decir en voz alta: ¿es normal perder el deseo por la pareja?

La respuesta no entra en un sí o un no. El deseo puede disminuir, cambiar de forma o necesitar condiciones que antes no necesitaba. Eso no demuestra por sí solo que se terminó el amor ni que la relación está condenada. Pero tampoco conviene ignorarlo cuando genera malestar, distancia o discusiones.

Para abordar el tema con seriedad, ElTresArroyense se apoyó en “Sexualidad de los argentinos”, un estudio publicado en junio de 2026 por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA. El trabajo reunió dos olas de encuestas realizadas en 2022 y 2026 sobre 3.941 personas adultas de grandes conglomerados urbanos del país. Sus resultados fueron cruzados con revisiones científicas sobre deseo en relaciones duraderas y con el enfoque de salud sexual de la Organización Mundial de la Salud.

El dato de la UBA que cambia la pregunta

El 64% de las personas que conviven reconoció que tiene menos relaciones sexuales que al comienzo de la convivencia.

Además, la proporción que mantiene una frecuencia alta —dos o tres veces por semana o más— baja del 45% entre las parejas que llevan de uno a cinco años al 32% entre quienes superaron los diez años juntos.

Hasta ahí, el resultado parece confirmar el temor: con el tiempo, la vida sexual se apaga.

Pero hay otro dato que modifica esa interpretación.

La conformidad con la frecuencia se mantiene alrededor del 62% sin una caída sostenida entre los distintos años de convivencia. En el relevamiento de 2026, además, el 73% se declaró satisfecho o muy satisfecho con su vida sexual.

Es decir: la frecuencia baja con los años, pero la satisfacción no necesariamente baja con ella.

Tener menos relaciones que al comienzo no demuestra automáticamente falta de deseo, desamor o una crisis. Una pareja puede encontrarse con menor frecuencia y seguir disfrutando de su intimidad. También puede ocurrir lo contrario: sostener una frecuencia habitual, pero vivirla como una obligación o una rutina.

Contar encuentros, por sí solo, no permite saber cómo está una pareja.

Deseo y frecuencia no son lo mismo

La falta de tiempo puede reducir la frecuencia sin eliminar el deseo. El estrés puede apagar temporalmente las ganas. Y una persona puede seguir sintiendo atracción, aunque no tenga energía o disposición para un encuentro.

También existe una creencia que genera muchos conflictos: pensar que las ganas siempre deberían aparecer antes de cualquier acercamiento.

En algunas personas el deseo surge espontáneamente. En otras aparece como respuesta a la cercanía, el contacto, la conversación o la estimulación. Este modelo de deseo responsivo fue desarrollado precisamente para evitar que una respuesta diferente sea interpretada automáticamente como una disfunción.

Por eso, no sentir ganas de manera repentina no significa necesariamente haber dejado de desear a la pareja.

El problema puede comenzar cuando esa diferencia se interpreta como rechazo: “Si no tiene ganas desde el principio, ya no me quiere”. La presión que nace de esa conclusión puede terminar alejando todavía más el deseo.

Qué puede apagar las ganas después de varios años

No existe una sola causa. Una revisión sistemática de 64 investigaciones sobre parejas duraderas encontró factores individuales, vinculares y sociales que pueden influir en el deseo.

Entre los motivos que pueden intervenir aparecen:

  • el estrés, el cansancio y la falta de sueño;
  • la crianza y la sobrecarga cotidiana;
  • la falta de privacidad;
  • los conflictos que se repiten y nunca se resuelven;
  • sentirse poco escuchado, cuidado o valorado;
  • la ansiedad, la depresión o el temor al rendimiento;
  • determinados medicamentos;
  • cambios hormonales durante el embarazo, el posparto o la menopausia;
  • dolor, sequedad u otras molestias físicas;
  • convertir cada muestra de afecto en la expectativa obligatoria de tener relaciones.

Las guías clínicas recomiendan evaluar estas situaciones desde una perspectiva amplia: cuerpo, salud mental, contexto, medicación y calidad del vínculo.

A veces no se perdió el deseo por la otra persona. Se perdió el deseo por una dinámica atravesada por agotamiento, resentimiento, presión o monotonía.

Perder el deseo no es lo mismo que dejar de amar

El deseo puede bajar mientras continúan el cariño, la atracción y el proyecto compartido. También puede mantenerse cuando una relación emocionalmente ya está rota.

No funciona como una prueba automática de amor.

Incluso dentro de una misma pareja, cada persona puede buscar algo distinto en un encuentro: conexión, placer, sentirse deseada, dar placer, reducir tensión o recuperar cercanía. Las investigaciones muestran que el deseo es multifacético y que esas diferencias pueden afectar el interés hacia la pareja.

Por eso, en lugar de preguntar únicamente “¿todavía me desea?”, puede ser más útil preguntar:

¿Qué necesita cada uno para que volver a encontrarse resulte deseable?

Cuando uno quiere y el otro no

Es habitual que dos personas no tengan exactamente el mismo nivel de deseo. Esos lugares, además, pueden invertirse a lo largo de una relación.

La diferencia se vuelve un problema cuando quien desea más presiona, reclama o interpreta cada negativa como una ofensa. También cuando quien desea menos empieza a evitar abrazos, besos o momentos de cercanía porque teme que todo termine en una exigencia.

Un estudio sobre parejas con diferencias de deseo identificó distintas maneras de afrontar esos momentos: comunicación, distanciamiento, actividades individuales, otras formas de conexión compartida o aceptar encuentros sin ganas. Las estrategias utilizadas se relacionaron de manera diferente con la satisfacción sexual y de pareja.

Nadie debería tener relaciones para cumplir una cuota, evitar una pelea o demostrar amor. El consentimiento también supone poder decir que no sin recibir castigos, reproches ni manipulación.

Qué puede ayudar a recuperar la conexión

No existe una técnica infalible. Pero hay condiciones que pueden facilitar que el deseo vuelva a encontrar espacio.

La primera es hablar fuera del momento del rechazo. No inmediatamente después de una negativa, sino en un momento tranquilo, sin acusaciones y sin exigir una solución instantánea.

También puede ayudar:

  • recuperar muestras de afecto que no tengan un resultado obligatorio;
  • repartir mejor las tareas y reducir la sobrecarga;
  • identificar molestias físicas o cambios de salud;
  • hablar de lo que cada persona disfruta, extraña o evita;
  • construir tiempo de pareja que no se reduzca a resolver problemas;
  • introducir alguna novedad dentro o fuera de la intimidad.

Una investigación con parejas estables encontró que compartir actividades nuevas y estimulantes se asociaba con mayor deseo y satisfacción. No hace falta una experiencia extrema: puede ser salir de la repetición, descubrir una actividad o volver a verse fuera de los papeles cotidianos.

No se trata de obligarse a sentir espontaneidad. Se trata de crear condiciones en las que las ganas tengan alguna posibilidad de aparecer.

Cuándo conviene consultar

Una disminución ocasional del deseo no requiere necesariamente tratamiento. Conviene buscar orientación médica, psicológica o sexológica cuando:

  • el cambio apareció repentinamente;
  • se mantiene y genera angustia o conflicto;
  • existe dolor o alguna dificultad física;
  • comenzó después de una medicación;
  • está acompañado por depresión, ansiedad o agotamiento intenso;
  • una persona acepta encuentros que no desea;
  • la pareja ya no puede hablar del tema sin lastimarse.

Consultar no significa que alguien deba ser “arreglado” ni obligado a tener más relaciones. El objetivo es comprender qué cambió y determinar si existen factores físicos, emocionales o vinculares que necesitan atención.

No existe una frecuencia que vuelva normal a una pareja

La Organización Mundial de la Salud no define la salud sexual por una cantidad de encuentros. La entiende como un estado de bienestar físico, emocional, mental y social, basado en el respeto y en experiencias seguras y libres de coerción.

El dato de la UBA confirma que muchas parejas tienen menos sexo con el paso de los años. Lo decisivo es que esa disminución no produce el mismo efecto en todas.

Puede ser parte de una intimidad que cambió y sigue resultando satisfactoria. También puede ser la señal de un malestar que la pareja viene evitando.

La pregunta más útil no es cuántas veces ocurre ni cómo era todo al principio. Es si ambos pueden hablar de lo que sienten, elegir sin presión y construir una intimidad con la que estén realmente conformes.

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Este artículo abre Sexo sin vueltas, un nuevo espacio de ElTresArroyense para hablar con información y sin morbo sobre deseo, parejas, intimidad y aquellas preguntas que muchas personas no se animan a hacer públicamente.

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