En resumen, si andás corto de tiempo
Antoine de Saint-Exupéry creó uno de los universos más sensibles de la literatura. Un año después desapareció durante una misión aérea: hallaron su avión, pero su cuerpo nunca apareció.
La mañana del 31 de julio de 1944, Antoine de Saint-Exupéry despegó desde la isla de Córcega a bordo de un avión Lightning P-38. Su misión era sobrevolar el sur de Francia y tomar fotografías de posiciones militares para preparar el desembarco aliado en Provenza.
Salió a las 8.35. Debía regresar unas horas después.
Nunca volvió.
Saint-Exupéry tenía 44 años, era un piloto experimentado y ya era conocido como escritor. Apenas un año antes había publicado El Principito, la historia de un pequeño viajero que abandona su asteroide y recorre distintos mundos tratando de comprender a los adultos, la amistad, el amor y la pérdida.
El hombre que había imaginado planetas, zorros que hablaban y un niño perdido entre las estrellas terminó desapareciendo, literalmente, en el cielo.
Un avión que se perdió sin dejar respuestas
Cuando pasó el tiempo previsto y el avión no regresó, Saint-Exupéry fue declarado desaparecido. No había enviado ningún pedido de auxilio y nadie podía precisar dónde había caído.
Durante décadas circularon distintas explicaciones. Pudo haber sufrido una falla mecánica, haberse desorientado, perdido el control o sido atacado por un avión alemán. Incluso apareció el testimonio de un antiguo piloto que aseguró haber derribado un aparato similar, aunque nunca pudo demostrarse que fuera el de Saint-Exupéry.
La guerra terminó, pero el misterio continuó.
No había avión. No había cuerpo. Tampoco una respuesta definitiva sobre lo que había sucedido durante aquellas últimas horas de vuelo.
Las primeras pistas aparecieron medio siglo después
En 1998, más de 50 años después de la desaparición, un pescador encontró frente a las costas de Marsella una pulsera de plata. Tenía grabados los nombres de Antoine de Saint-Exupéry y de su esposa, Consuelo.
El hallazgo parecía demasiado perfecto y al principio despertó dudas. Sin embargo, permitió concentrar la búsqueda en esa zona del Mediterráneo.
Tiempo después fueron localizados restos de un avión hundido a unos 70 metros de profundidad. Las piezas recuperadas y sus números de fabricación permitieron confirmar oficialmente en 2004 que pertenecían al Lightning P-38 que Saint-Exupéry había piloteado el día de su desaparición.
Finalmente había aparecido su avión.
Pero él no.
Su cuerpo nunca fue encontrado
A pesar del descubrimiento de la aeronave, nunca se recuperaron restos humanos que pudieran ser identificados como los de Saint-Exupéry. Tampoco se comprobó de manera concluyente qué provocó la caída.
El lugar donde apareció el avión abrió, además, otra pregunta: Saint-Exupéry debía dirigirse hacia la zona de Grenoble y Annecy, pero terminó frente a Marsella, fuera del recorrido esperado. No se sabe por qué cambió su rumbo.
El mar devolvió algunas piezas de la máquina, pero guardó el destino final del piloto.
Un final parecido a una de sus historias
Saint-Exupéry no escribió solamente sobre vuelos. Gran parte de su obra habla de hombres solos frente a paisajes inmensos, pilotos que atraviesan la noche, accidentes, desiertos y personas que buscan un sentido en medio del peligro.
Por eso, su desaparición parece tener una extraña conexión con los mundos que había creado.
El autor que enseñó a generaciones enteras a mirar más allá de lo visible salió una mañana a volar y se perdió para siempre. Su avión tardó casi 60 años en ser identificado. Su cuerpo nunca apareció. Y todavía hoy nadie puede contar con certeza cómo fueron sus últimos minutos.
Como el pequeño príncipe de su libro más famoso, Saint-Exupéry simplemente dejó de estar allí.




