En 1917, mientras Walt Disney ni siquiera había cumplido 20 años, un ítalo-argentino llamado Quirino Cristiani estrenaba en Buenos Aires El Apóstol, la primera película animada de larga duración de la historia.
Un hito que nació con tijera, cartón y fuego
Cristiani tenía apenas 30 años cuando logró lo imposible: más de 58.000 dibujos hechos a mano, animados mediante la técnica de recorte (cut-out), para contar una sátira política sobre el presidente Hipólito Yrigoyen.

Era una animación en blanco y negro, muda, y duraba 70 minutos. Fue proyectada en el cine Select Lavalle el 9 de noviembre de 1917 y fue un éxito de taquilla. La película mostraba a Yrigoyen ascendiendo al Olimpo para limpiar Buenos Aires con rayos divinos. Una joya de humor político y talento artesanal.
Pero no quedó ni un solo fotograma…
El gran drama es que no se conserva ninguna copia. Todo se perdió en un incendio del estudio en 1926. Por eso, El Apóstol es el largometraje animado más importante del que no queda registro visual. Lo sabemos por diarios de la época, críticas y testigos.
Una leyenda tapada por la historia oficial
Mientras Disney y otros estudios de animación se consolidaban décadas después, la historia de Cristiani quedó casi en el olvido, incluso en Argentina. Recién en los 2000, su legado comenzó a recuperarse gracias a investigadores y fanáticos del cine.






Pues están equivocados. Como siempre, los argentinos nos atribuimos sucesos que no corresponden, caso birome, huellas dactilares, alambre de púas, etc.
Los primeros dibujos animados fueron franceses, más precisamente de Émile Reynaud, considerado el padre de la animación. Reynaud creó el praxinoscopio, un dispositivo de animación de 12 imágenes y películas de aproximadamente 500 a 600 imágenes, proyectadas en su propio teatro óptico, un sistema similar al proyector moderno, sus primeros cortometrajes fueron: «¡Pobre Pierrot!» (1892), «Un bon bock» (1892) y «Clown et ses chiens» (1894).
El primer dibujo animado en un proyector de cine moderno era «Fantasmagorie», el director francés Émile Cohl en 1908.
El primer largometraje de dibujos animados se hizo en los Estados Unidos (1916), un año antes que los de Cristiano. Se llamó «Creation» y fue obra de Pinto Colvig, quien solía hacer la voz de Duffy en los dibujos de Disney. De esta película solo quedan algunos fotogramas.
Aclaro también que Quirino Ciistiani no era argentino sino italiano, como Federico Valle, el productor de sus películas.