miércoles, agosto 5, 2026
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En Tres Arroyos, una cerveza no escandaliza, pero todavía hay que esconderse para fumar un porro

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En resumen, si andás corto de tiempo

El cannabis ya forma parte de la vida cotidiana de muchos jóvenes y adultos de Tres Arroyos, pero todavía se consume a escondidas. Mientras el alcohol está socialmente aceptado, el porro continúa cargando con una condena que no siempre se relaciona con el daño real.

Un grupo de jóvenes tomando cerveza en la Plaza San Martín puede llamar la atención, pero difícilmente provoque un escándalo. Si en ese mismo banco alguien prende un porro, la reacción cambia: miradas, comentarios, preocupación y hasta un llamado a la Policía.

En Tres Arroyos, el alcohol forma parte del paisaje. La marihuana todavía debe vivirse a escondidas.

La diferencia no parece responder solamente al daño que puede causar cada sustancia. Responde, sobre todo, a una forma de mirar: una está incorporada a la vida cotidiana y la otra continúa asociada automáticamente con la delincuencia, la adicción y el peligro.

El cannabis ya está dentro de la comunidad

La marihuana no es algo ajeno a Tres Arroyos. La consumen jóvenes, adultos, trabajadores, estudiantes, padres y madres de familia. Está presente en reuniones, casas, grupos de amigos y espacios culturales.

Sin embargo, muchas personas todavía lo esconden.

Hay jóvenes que cada tanto fuman un porro con sus amigos, pero no se lo cuentan a sus padres porque saben que no encontrarán una conversación, sino una condena. Y hay padres que creen que el cannabis pertenece a un mundo lejano, mientras sus propios hijos o personas de su círculo consumen sin que ellos lo sepan.

También ocurre con artistas, músicos, actores y otras personas admiradas por la misma sociedad que se escandaliza cuando siente olor a marihuana en una plaza. Conviven con el cannabis todo el tiempo, pero no lo ven porque todavía lo imaginan como una práctica exclusiva de delincuentes o personas destruidas por las drogas.

La condena social no eliminó el consumo. Solamente obligó a esconderlo.

Una doble vara difícil de sostener

El cannabis es una droga. Puede afectar la memoria, la atención y la coordinación, y también puede existir un consumo problemático. Negarlo sería irresponsable.

Pero el alcohol también es una droga. Y sus consecuencias sobre la salud, la violencia, los accidentes y los daños a terceros están ampliamente documentadas.

De hecho, una investigación local difundida en 2019 señaló que el alcohol era la sustancia más consumida y naturalizada en Tres Arroyos, por encima de la marihuana y los psicofármacos.

A pesar de eso, ver a una persona con una cerveza en la mano no alcanza para considerarla peligrosa. Se juzga lo que hace: si maneja alcoholizada, si provoca una pelea o si molesta a los demás.

Con el cannabis muchas veces ocurre lo contrario. Alcanza con el olor para que aparezca la condena.

No todo consumo es un problema

Una sociedad seria debería intervenir cuando una persona pierde el control, pone en riesgo a otras, maneja bajo los efectos de una sustancia o comienza a perjudicar su salud, su trabajo y sus vínculos.

Ese criterio debería aplicarse tanto al cannabis como al alcohol.

No se trata de defender que cualquiera pueda fumar en cualquier lugar ni de presentar la marihuana como algo inocuo. Se trata de dejar de considerar automáticamente delincuente, adicto o peligroso a todo aquel que consume.

Una persona puede tener un problema con el cannabis. Otra puede fumarse un porro ocasionalmente y continuar con su vida sin afectar a nadie. Exactamente lo mismo ocurre con quienes toman alcohol.

El problema está en el daño y en la conducta, no solamente en el nombre de la sustancia.

Cada vez más aceptado, pero todavía escondido

En los últimos años, el Estado reconoció el uso medicinal del cannabis y permitió el cultivo autorizado mediante el REPROCANN. También comenzó a hablarse con mayor claridad sobre consumos problemáticos, incluyendo alcohol, tabaco, apuestas y otras conductas.

La discusión avanzó, pero una parte de la sociedad tresarroyense parece haberse quedado atrás.

El cannabis ya forma parte de la vida cotidiana. Lo que todavía no cambió completamente es la obligación de ocultarlo delante de quienes prefieren negar esa realidad.

En Tres Arroyos, una cerveza continúa siendo parte del paisaje. Un porro, en cambio, todavía puede provocar un escándalo.

Quizás haya llegado el momento de preguntarnos si esa diferencia se basa realmente en el daño que provoca cada sustancia o simplemente en prejuicios que la propia realidad dejó viejos.

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