viernes, abril 3, 2026

Mi otro yo

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            Mi otro yo acaba de abandonarme, se gastó las manos acariciando sueños y decidió fabricar su propio arco iris, taponó sus oídos con algodón de azúcar para no oír las trompetas del juicio final, y tras dejar sus zapatos a los pies de un seis de enero camina descalzo esperando esa dulce magia que se disuelve como la media hora de un caramelo.

            Se cansó de debatir conmigo, un día se sumó a mi voluntad solo por darme el gusto de experimentar el sentido de equivocarse y confió a la par de mi ingenuidad, perdimos los dos, le dije que aún era posible encontrar la rosa y me respondió que hay fabricantes de espinas artificiales que impiden el camino, que la envidia genera nubes para arruinar los picnics, que hay vidas ajenas que minimizan la felicidad de otras para camuflar las miserias de las suyas. Me dijo que el amor puro es muy fuerte y no es para todos, por eso lo diluyen con atributos inventados para justificar la cobardía de no asumir su falta de compromiso.

            Mi otro yo es mi maestro, él corrige mis faltas sin alabar mis aciertos, me muestra el agujero en la media para que no presuma mi corbata, fiscaliza mi reír hasta que comienzo a herir a otro y me amonesta con un sentimiento de culpa. Me aconseja que no siembre en el asfalto, que no pierda mis semillas de confianza en aquellos que no son tierra fértil, me ayuda a ver quien está sin mostrarse y quienes se muestran sin estar.

            Me gustaría ser como él y tener esa claridad de pensamiento para ver las fisuras de mis emociones sin control, tener la fortaleza para decir NO cuando sea necesario y aceptar que me digan NO cuando también lo sea. Me niego a asumir su abandono, sin él soy menos yo, me siento como un “quizás”, algo sin definir. No sé que será de él sin mi, creo que somos indisolubles, la rama no puede estar lejos de su raíz, confío que solo será un desencuentro pasajero entre dos energías positivas que buscan expansión en un ámbito negativo que oprime. Presiento que estará recapacitando su accionar, a pesar de nuestras diferencias compartimos los mismos sentimientos y tenemos un vida en común.

            Acaba de regresar mi otro yo y no hubo pedidos de disculpas entre nosotros, no hace falta abrazarse a uno mismo, solo dimos gracias a Dios por seguir integrados y para demostrarle mi afecto le he cedido mi espacio. Él acaba de poner el punto final.

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