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Micaela Cascallares: entre la historia viva y los secretos enterrados

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Por El Tresarroyense

A 22 kilómetros al sur de Tres Arroyos, entre caminos rurales y campos que parecen infinitos, sobrevive uno de esos pueblos donde el tiempo no se detuvo, sino que se volvió más profundo. Micaela Cascallares es más que un punto en el mapa: es un lugar donde la historia nacional dejó una marca insólita. Porque sí: bajo su tierra durante 20 años estuvieron enterradas más de 600 fotos de Eva Perón, ocultas por el fotógrafo que las tomó. Y esa es solo una parte de su identidad.

🌱 Un pueblo con nombre de madre

El pueblo nació formalmente el 23 de julio de 1889, cuando el gobierno bonaerense aprobó la creación de un nuevo centro agrícola en tierras compradas por Benjamín del Castillo. Fue el propio gobernador Máximo Paz quien decidió bautizarlo como Micaela Cascallares, en homenaje a su madre: una mujer influyente y solidaria, que presidió la Sociedad de Beneficencia y dejó huella en la Argentina del siglo XIX.

La llegada del ferrocarril en 1891 fue el gran empujón: la estación dividió al pueblo en dos, pero lo unió al resto del país. Con los trenes vinieron los tambos, los almacenes, los inmigrantes —sobre todo belgas y holandeses— y el crecimiento. Cascallares llegó a tener más de 1.200 habitantes y fue, durante años, una pequeña joya de la llanura pampeana.

🚂 De la gloria al silencio

Como tantos pueblos ferroviarios, el declive llegó cuando los trenes dejaron de pasar. Con ellos se fueron empleos, vecinos, hijos. Hoy viven en Cascallares unas 400 personas, pero su tejido social se mantiene activo. Y esa resistencia se explica, en parte, por su cooperativa agrícola, fundada en 1931, que sostiene gran parte de la economía y ha impulsado obras clave: desde la red de agua y gas hasta una pileta comunitaria y el salón médico.

El pueblo también se apoya en su escuela primaria, el club centenario (fundado en 1922), el destacamento policial, su capilla y la querida Biblioteca Luz y Cultura. Las fiestas patronales, los aniversarios y la Fiesta del Encuentro, celebrada cada noviembre, son momentos donde se respira algo sagrado: comunidad.

📸 El tesoro oculto: las fotos de Evita bajo tierra

Pero hay algo que convierte a Cascallares en un caso único en la historia argentina: en 1955, un hombre nacido en este pueblo enterró más de 600 fotos de Eva Perón para salvarlas de la destrucción.

Ese hombre era Alfredo Mazzorotolo, nacido en Cascallares en 1914, hijo de inmigrantes italianos. Fue albañil, marino, actor, adiestrador de perros, y finalmente fotógrafo. En Buenos Aires ingresó al diario Democracia, y por su talento y disciplina fue elegido como fotógrafo personal de Eva Duarte durante su intensa vida pública. También retrató a Juan Domingo Perón, acumulando más de mil imágenes en total.

Alfredo Mazzorotolo

Pero cuando la Revolución Libertadora derrocó al gobierno peronista en 1955, todo cambió. Mazzorotolo supo que vendrían tiempos oscuros. Entonces huyó con su familia a Cascallares y allí, en un campo que compartía con su hermano, cavó un pozo profundo y enterró todo su archivo fotográfico. Nadie lo supo. Ni su esposa. Ni sus hijas.

María Teresa, hija del fotógrafo Alfredo Mazzorotolo (creditos foto)

Durante 20 años las placas de vidrio y negativos permanecieron bajo tierra. En 1975, al venderse el campo, Mazzorotolo volvió a Cascallares, desenterró las imágenes y las guardó, en silencio, hasta su muerte en 1998.

Recién en 1996 su hija, María Teresa Mazzorotolo, descubrió el archivo completo. Así nació la Colección Mazzorotolo, considerada una de las más importantes sobre Eva Perón en toda la Argentina. Las fotos fueron expuestas por primera vez en 2001, en el Museo Evita, y luego viajaron por todo el país y hasta por el mundo. En 2003, María Teresa le entregó una copia enmarcada al presidente Néstor Kirchner y a Cristina Fernández, durante un acto en la Casa Rosada.

La historia es tan increíble como real: uno de los archivos más valiosos del siglo XX argentino estuvo enterrado en silencio durante dos décadas, en un campo de Micaela Cascallares, salvado por un hombre que prefirió esconder las imágenes antes que verlas desaparecer bajo la censura.

🩸 La otra historia enterrada: la masacre obrera de 1919

Pero no todas las historias enterradas en Cascallares terminaron con una muestra en un museo. Algunas siguen esperando justicia.

En 1919, la misma región fue escenario de uno de los episodios más brutales y silenciados del movimiento obrero rural en Argentina. En plena época de conflictividad social —la misma que vio la Semana Trágica en Buenos Aires— un grupo de peones rurales organizados fue masacrado por el Ejército Argentino, que actuó a pedido de los estancieros locales.

Descarga de cereales en Cascallares

Según la investigación del abogado y referente en derechos humanos Guillermo Torremare, los trabajadores rurales llevaban adelante una huelga pacífica exigiendo mejores condiciones laborales y salarios más justos. Los patrones, alarmados por la organización creciente de los obreros, pidieron apoyo militar. Las tropas llegaron desde Bahía Blanca, y el operativo terminó con al menos siete trabajadores fusilados en un campo cercano a Cascallares.

No hubo juicio. No hubo prensa. No hubo memoria oficial.

Los cuerpos fueron enterrados en una fosa común. La represión fue inmediata, quirúrgica y brutal. Las organizaciones obreras rurales quedaron desarticuladas, y el mensaje fue claro: no se permitiría la organización sindical en los campos del sur bonaerense.

Hoy, más de cien años después, este hecho sigue sin ser reconocido por el Estado. Solo la memoria popular y algunos trabajos de investigación rescatan su existencia. Y aunque Cascallares no tenga una placa que lo recuerde, el suelo que pisa su gente guarda no solo semillas y recuerdos felices, sino también sangre obrera que jamás debió correr.

🌾 Orgullo, pertenencia y futuro

No todos los pueblos tienen un secreto tan fuerte enterrado bajo su tierra. Pero Micaela Cascallares no vive del pasado. Cada aniversario es una celebración del presente y una apuesta por el futuro. Los vecinos organizan fiestas, desfiles, concursos. En 2014, al cumplir 125 años, se eligió la bandera oficial del pueblo. Y en 2022, con enorme emoción, se desenterró una cápsula del tiempo de 1960, hallada intacta bajo un busto de San Martín, con diarios, monedas y actas de época.

Ubicación

Ese mismo día, los vecinos prepararon dos nuevas cápsulas para enterrar. Porque Cascallares siempre piensa en las próximas generaciones. Sabe que la memoria no es solo mirar para atrás. Es dejar algo para adelante.

🧭 Conclusión

Micaela Cascallares es identidad rural, historia viva y comunidad organizada. Es un pueblo que supo ser grande con el tren y resistir sin él. Que guarda secretos debajo de la tierra y abrazos encima del asfalto. Que tiene menos habitantes que antes, pero una memoria que crece con cada historia contada.

Y ahora, también, tiene algo más:
El orgullo de haber custodiado, en el más profundo silencio, las imágenes de una de las figuras más trascendentes del país, y también la responsabilidad de no olvidar a los trabajadores asesinados por reclamar dignidad, esperando el día en que la verdad —toda la verdad— vuelva a ser revelada.


🔎 Fuentes consultadas:

2 COMENTARIOS

  1. Olvidan mencionar a los muchos niños holandeses enterrados,muertos de miseria porque sus familias vinieron engañadas a una colonia importante y se toparon con que no había nada organizado solo miseria y poco o nada para alimentarse.

  2. PREMIADA POR REPARTIR “INDIOS Y CHINAS”.
    Doña Micaela Cascallares de Paz, fue esposa de Marcos Paz quien fuera gobernador de Córdoba y Tucumán, vicepresidente y presidente en ejercicio mientras Bartolo Mitre estaba en el “frente paraguayo”, donde moriría su hijo Francisco, que era primo de Julio Roca. Igual que acontece hoy en día, también en aquellos tiempos todo quedaba en familia. La doña Cascallares fue madre de Máximo Paz, quien será gobernador de la provincia de Buenos Aires y que tuvo un accionar lamentable al malvender el Ferrocarril Oeste a un grupo británico, es decir, clásico negociado de un corrupto que se quedó con bastante más que un 3%.
    En sus ratos libres, la ilustre señora Cascallares además de integrar la Comisión Directiva de la Sociedad de Beneficencia, la presidió durante 1878. Esa institución tal como denuncio en “FUI ROCA UN BRONCE HERIDO DE MUERTE”, era la encargada de repartir “indios y chinas a las familias de esta ciudad” en tiempos del general y luego presidente Julio Roca. Los indígenas tras ser capturados fueron trasladados de a miles a la ciudad de Buenos Aires donde serían derivados al Litoral o Tucumán como esclavos o distribuidos como peones o sirvientas por la Sociedad de Beneficencia que era manejada por las señoras de los señores donde encontramos apellidos como Alvear, Vernet, Pacheco, Campillo y Argerich además de Clara Funes de Roca, esposa de don Julio…
    Hoy un pueblo de la provincia de Buenos Aires, rinde homenaje a su memoria y lleva su nombre al igual que una estación de tren, una escuela y hasta un club de futbol. El poder se retroalimenta premiándose a sí mismo y convierte a héroes de clase en proceres argentinos. Obvio, Doña Micaela no estaba sola, ni lo hizo por su cuenta… En el libro expongo a las presidentas de los años 1877/1885 donde aparecen otras dos mujeres integrantes de la familia Cascallares. Otra de estas Damas repartidoras, Emma Van Praet de Napp, presidió la Sociedad en 1879, 1881 y 1884, el período más tremendo de la Construcción del Desierto, que no fue ninguna Conquista, sino una Construcción al vaciarlo de seres humanos. Diseminados a lo largo del país tenemos individuos en altos pedestales que merecen prontuarios y son los que justamente reivindica este gobierno que está desguazando el país. Ya lo dijo en su momento Hernández Arregui: “la historia oficial es la obra maestra de la oligarquía”, es una llave que tergiversa el pasado cerrando el camino hacia un futuro posible, emancipador, justo y solidario. Como vengo planteando hace años, el poder tiene pánico en recordar, sueña con el silencio, anhela suprimir la memoria por eso reelabora un pasado acorde a su presente para que todo siga igual en el futuro, el dolce status quo de las elites. El poeta republicano español León Felipe refiriéndose al genocidio perpetrado por Francisco Franco afirmó: Las estrellas no duermen / y un día pedirán tu sangre. Agrego: las estrellas cada vez están más despiertas. Es lento, pero viene…

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