miércoles, mayo 27, 2026
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Pedro ‘Carrerita’ Carrera: pentacampeón mundial, orgullo tresarroyense

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En la historia de Tres Arroyos hay nombres que resuenan con fuerza, y otros que, por algún motivo, se fueron diluyendo en la memoria colectiva. El caso de Pedro Leopoldo Carrera, el quíntuple campeón mundial de billar nacido en nuestra ciudad, es una de esas ausencias que duelen. No porque falten méritos, sino porque sobra olvido.

Carrera no fue solo el mejor billarista argentino de todos los tiempos, sino uno de los más grandes del mundo, al nivel del mítico Willie Hoppe. Con su clavel blanco en la solapa, su smoking impecable y su pelo engominado, fue un símbolo de una época donde el talento, la elegancia y el carisma podían confluir en una sola figura. Un artista del taco y el paño verde. Un embajador del deporte. Un tresarroyense eterno.


Una infancia entre potreros, petisos y carambolas

Nacido el 19 de junio de 1914, en el barrio Quilmes, Carrera creció en Moreno 777, donde hoy se ubica el Sindicato de Luz y Fuerza. Su padre y su tío eran dueños de un almacén de ramos generales en la esquina de Moreno y Suipacha. Fue en esa barriada donde forjó amistades profundas con familias como los Sode, Rodera, Arenas, Costoyas y Del Vecchio.

Jugaba al fútbol, montaba un petiso que le habían regalado y corría picadas con un auto que le prestaba su tío. Pero todo cambió cuando entró por primera vez al Café La Angelita, en Suipacha y Mitre. Allí empezó a jugar al billar, y aunque al principio era el perdedor cantado, su progreso fue meteórico.

A los 13 años, tras la muerte de su padre, se mudó a Buenos Aires con su tío para estudiar. Pero el destino lo esperaba en los billares porteños. Primero fue el Café Bar Colón, luego «Los 36 Billares», templo del billar argentino. Con apenas 18 años ya no tenía rivales. Su juego era tan impecable que hasta los espectadores lo ovacionaban. Uno de ellos era nada menos que Juan Duarte, hermano de Eva Perón.


El campeón que paría hijos y títulos

Carrera tiene una historia única: cada uno de sus tres primeros títulos mundiales coincidió con el nacimiento de un hijo. Él mismo decía, entre risas:

“Cada campeonato viene con un hijo abajo del brazo.”

Y no exageraba. En 1950 ganó el Mundial en Madrid. Al día siguiente nació su primera hija. En 1951, con el campeonato de cuadro en Buenos Aires, llegó el segundo. Y en 1952, tras consagrarse campeón de Tres Bandas en el Luna Park, nació el tercero.


Récords que parecen de otro planeta

Su carrera fue simplemente asombrosa:

  • 5 campeonatos mundiales
  • 22 campeonatos argentinos
  • 4 panamericanos
  • 81 récords absolutos

En 1942 hizo 1000 carambolas en 50 minutos en la sede de Racing Club. En Tucumán, en 1952, metió 1.453 carambolas en dos horas. En 1936, registró 2.126 carambolas en un torneo libre. En el Café Bar Colón, batió el récord de carambolas libres tras 12 horas sin fallar, con escribano presente.

Su consagración máxima fue en el Luna Park en 1952, con 12.000 espectadores ovacionándolo. Ese día, Tres Arroyos tuvo un héroe en el centro del escenario nacional.


Perón, el Lincoln y la caída

El vínculo con el peronismo fue fuerte. Perón lo apoyó financieramente, y Carrera devolvió ese respaldo con resultados. Incluso le regaló un auto Lincoln, con el que el campeón participó en la 4ª Vuelta de Tres Arroyos con la frase “Perón cumple” pintada en el lateral.

Pero tras la caída de Perón en 1955, todo cambió. La llamada “Revolución Libertadora” lo excluyó junto a más de 120 deportistas. El historiador Víctor Lupo lo definió sin vueltas como un “genocidio deportivo”.

Declarado “profesional” por recibir ayuda estatal, fue condenado al ostracismo. Carrera debió emigrar a Brasil, donde trabajó como instructor de billar en el Jockey Club de San Pablo.


El hombre detrás del mito

Según su hija Marilé, Pedro era mucho más que un campeón. Amaba los asados, el mate, la pesca, la caza, y las perdices al escabeche que preparaba él mismo. Bailaba y cantaba con una gracia innata. Su “fina estampa”, como dice el vals, lo hacía brillar socialmente tanto como sobre el paño verde.

Fue un ícono de la elegancia, que parecía salido del cine. Su sonrisa gardeliana, su look prolijo y su carisma encantaban. Pero el ritmo de vida le pasó factura: alcohol, noches sin fin, 40 cigarrillos diarios. En 1961 regresó a Argentina, ya enfermo. Falleció en 1963, a los 49 años.


¿Y su legado?

En 1980, recibió el Premio Konex de Platino post mortem como el mejor billarista argentino de la historia. En Tres Arroyos, sin embargo, su presencia es escasa: un mural, una calle, un homenaje en el Polideportivo en 2020. Muy poco para alguien que hizo sonar el Himno Nacional en Europa, que fue aplaudido de pie en el Luna Park, y que llevó el nombre de nuestra ciudad a lo más alto.

Incluso queda una carta escrita de puño y letra a un amigo de la infancia, que prueba su vínculo con nuestras raíces más profundas. Esas pequeñas joyas que la historia suele esconder, esperando que algún día las valoremos como corresponde.


Una deuda histórica

Pedro Leopoldo Carrera no fue solo un deportista. Fue un símbolo.
Un campeón que combinó talento, esfuerzo, estética y humildad.
Un tresarroyense que llegó más lejos que nadie.
Y sin embargo, no está presente como debería en nuestra memoria colectiva.

Quizás es hora de hacer justicia.
De contarlo, de enseñarlo, de homenajearlo como se debe.
Porque Carrera no fue un personaje de otra ciudad o un ídolo prestado. Fue nuestro, y merece volver a serlo.

Por «Carrerita», por el taco, el paño y el clavel blanco.
Por el mejor.

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1 COMENTARIO

  1. Mis dos libros, «El hombre del clavel blanco» (2014) y el reciente «Cinco cartas» (2026), cuentan la historia de Carrera desde sus inicios hasta si aciago final. Pueden adquirirse en el sitio de internet de impresión a demanda llamado Autores Editores. Con entrega a domicilio en todo el mundo. También pueden complementarlo con la lectora de «Una vida a tres bandas» (2025) de Estela Calvo.

    https://www.autoreseditores.com/libro/32264/luis-alberto-mario-venosa/cinco-cartas.html

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