En resumen, si andás corto de tiempo
En 1986, el capitán de un vuelo de Aeroflot ordenó cerrar las cortinas de la cabina para aterrizar guiándose solo por los instrumentos. El dispositivo existía para entrenamientos controlados, pero su uso en un vuelo comercial terminó con 70 muertos.
El piloto que intentó aterrizar un avión a ciegas no se vendó los ojos ni perdió visibilidad por una tormenta. Ordenó cerrar deliberadamente unas cortinas instaladas en la cabina del Tupolev Tu-134A para impedirle ver la pista y demostrar que podía completar el aterrizaje utilizando solamente los instrumentos.
Ocurrió el 20 de octubre de 1986 en el vuelo 6502 de Aeroflot, que viajaba desde Sverdlovsk —actual Ekaterimburgo— hacia Grozni y debía hacer escala en Kuibyshev, hoy Samara. La maniobra no formaba parte de un entrenamiento autorizado: era un vuelo regular con pasajeros y terminó en una de las decisiones más inexplicables de la historia de la aviación comercial.
Por qué el avión tenía cortinas en la cabina
Las cortinas no habían sido colocadas para aquella apuesta. El Tu-134A disponía de un sistema de vuelo simulado sin referencias visuales, utilizado para entrenar a un piloto a controlar el avión mirando únicamente los instrumentos.
La idea de este tipo de práctica es reproducir condiciones similares a volar dentro de nubes o con muy poca visibilidad. Pero debe realizarse bajo procedimientos controlados, con otro piloto capaz de vigilar el exterior, intervenir y garantizar la seguridad. Incluso las normas modernas para vuelos instrumentales simulados exigen que un piloto de seguridad conserve una visión adecuada hacia adelante y hacia los costados.
En el vuelo 6502 ocurrió exactamente lo contrario: la cortina del lado del comandante fue cerrada durante una aproximación real, con pasajeros a bordo y sin que la maniobra fuera autorizada como ejercicio.
Cómo comenzó el aterrizaje a ciegas
Las reconstrucciones técnicas señalan que el capitán Alexander Kliuyev había acordado con el copiloto realizar la aproximación detrás de la cortina. La historia quedó popularizada como una apuesta para demostrar que podía aterrizar sin mirar el exterior.
Durante el descenso, el control aéreo informó que el sistema de aproximación por curso y senda estaba fuera de servicio por tareas de calibración y ordenó utilizar otro procedimiento. La tripulación no cumplió la indicación y continuó apoyándose en ese sistema como referencia principal.
El avión descendía con velocidades horizontal y vertical superiores a las previstas. A unos 62 metros de altura se activó la advertencia de proximidad con el suelo, pero el comandante no interrumpió la maniobra ni realizó una vuelta de aproximación.
Por qué no fue un aterrizaje instrumental normal
Un avión puede aproximarse con baja visibilidad mediante procedimientos instrumentales certificados. Eso no significa que el piloto pueda cerrar las ventanas por decisión propia y continuar hasta tocar la pista.
Los aterrizajes instrumentales tienen rutas, equipos, alturas mínimas y criterios precisos. Si al alcanzar la altura de decisión no existen las referencias necesarias o los parámetros no son seguros, la tripulación debe abandonar el intento y volver a ascender.
Kliuyev hizo lo opuesto: siguió descendiendo detrás de la cortina pese a la advertencia y a las velocidades incorrectas. El ingeniero comenzó a abrirla apenas un segundo antes del contacto con la pista, un tiempo insuficiente para que el piloto adaptara la vista, evaluara la posición del avión y corrigiera el descenso.
El impacto que destruyó el avión
El Tu-134A tocó la pista a unos 280 kilómetros por hora y con una velocidad vertical cercana a cinco metros por segundo. La carga del impacto fue calculada en 4,8 veces la gravedad, por encima de la resistencia estructural prevista.
Parte del ala y del fuselaje se rompieron, el combustible se incendió y el avión terminó volcado fuera del eje de la pista. Los registros de seguridad aérea más utilizados contabilizan 94 ocupantes, 70 muertos y 24 sobrevivientes.
Existe una diferencia documental: un informe soviético marcado como secreto registró inicialmente 93 personas y 69 fallecidos. La reconstrucción técnica posterior utiliza las cifras de 94 y 70, que incluyen pasajeros cuya situación no estaba reflejada de la misma manera en aquel primer reporte.
Por qué nadie detuvo al comandante
La investigación no responsabilizó únicamente al capitán. También señaló que el copiloto y el ingeniero de vuelo no frenaron una maniobra claramente prohibida, no controlaron adecuadamente los parámetros y no tomaron los mandos cuando todavía era posible ordenar una vuelta.
El caso muestra el peligro de una jerarquía demasiado rígida dentro de la cabina. La gestión moderna de recursos de tripulación busca precisamente que cualquier integrante cuestione una decisión del comandante cuando la seguridad está en riesgo.
Kliuyev sobrevivió y fue condenado a 15 años de prisión, aunque finalmente cumplió alrededor de seis. El copiloto Gennady Zhirnov murió después de participar en el rescate de pasajeros.
Qué hay de cierto sobre el silencio soviético y la KGB
El control estatal de la información sí está documentado: la primera mención conocida del accidente en la prensa soviética apareció en junio de 1987, casi ocho meses después, cuando el diario Sovetskaya Rossiya informó sobre el juicio al piloto.
En cambio, los detalles más espectaculares sobre agentes de la KGB, fotografías sacadas clandestinamente y un operativo específico para borrar toda evidencia provienen principalmente de relatos secundarios posteriores. Son posibles dentro del sistema de secreto soviético, pero no aparecen demostrados con el mismo nivel de precisión que la maniobra, los parámetros del impacto y las conclusiones técnicas.
La explicación detrás de esta curiosidad
El vuelo 6502 no se estrelló porque aterrizar con instrumentos fuera imposible. Se estrelló porque una herramienta de entrenamiento fue utilizada fuera de todo procedimiento, el comandante ignoró las advertencias y el resto de la tripulación no detuvo la maniobra.
Las cortinas tenían una función legítima: enseñar a volar sin referencias externas bajo supervisión. Convertirlas en parte de una apuesta durante un vuelo comercial transformó ese recurso de entrenamiento en el elemento central de una tragedia evitable.




