Durante los siglos XVIII y XIX, la aristocracia europea cultivaba un gusto refinado por el rapé: un tabaco molido que se aspiraba por la nariz. Ese acto no era nada discreto (provocaba estornudos), así que quienes lo consumían solían retirarse con la excusa de “echarse un polvo” — literalmente, inhalar tabaco lejos de los invitados.
Con el tiempo, esa salida discreta pasó a usarse como excusa para encuentros íntimos furtivos: “me voy a echar un polvo” pasó de decir “me voy a aspirar rapé” a “me voy a tener relaciones sexuales”.
Algunos matices que no te contaron:
- Hay otra hipótesis menos difundida: vincular “polvo” al verso bíblico “polvo somos, al polvo volvemos”. Es decir, el “polvo” como símbolo de materia mortal que se mezcla con otro cuerpo.
- El primer registro del sentido sexual en diccionarios de argot aparece recién a principios del siglo XX (en el Diccionario de Luis Besses, 1906).
- Ya en 1874 aparece una obra teatral (“Don Juan Notorio”) donde “echar un polvo” se usa con sentido erótico. Eso sugiere que la expresión figurada ya estaba en uso antes de que fuese formalmente documentada.




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