Por Elmalpensado
Carlos Sánchez volvió a hablar.
Y en Tres Arroyos eso nunca es solamente una declaración.
Porque Sánchez no es un exintendente más. Gobernó 20 años, ganó elecciones, construyó poder, dejó estructura, dejó leales, dejó heridos, dejó nostalgia y dejó una pregunta que el Movimiento Vecinal nunca terminó de responder:
¿Qué es el Movimiento Vecinal sin Sánchez?
Ahora dice que vuelve “para acompañar”.
Suena prudente.
Suena medido.
Suena casi inofensivo.
Pero la política local rara vez se mueve solo por lo que se dice. También se mueve por los nombres que se eligen. Por las fotos que aparecen. Por las ausencias que pesan. Por los silencios que nadie explica.
Y la reaparición de Sánchez deja varias cosas sobre la mesa.
No todas cómodas.
Sánchez confirmó que vuelve a la arena política, dijo que fue tentado por La Libertad Avanza y por sectores del radicalismo, habló de diferencias con históricos del vecinalismo, contó que recorre barrios con Mariano Hernández, nombró a María Saavedra, dijo que Kicillof siempre lo atendió y hasta explicó la derrota de 2023 por el arrastre de Milei.
Nada de eso es inocente.
Nada.
El regreso que expone la interna
El Movimiento Vecinal viene de una crisis que no empezó ayer.
Cuando Sánchez decidió no ir por otro mandato en 2023, el partido que había gobernado Tres Arroyos durante casi tres décadas se quedó sin su jefe natural.
Y cuando un espacio se acostumbra durante demasiado tiempo a tener un jefe, después cuesta distinguir si tiene conducción, herederos o simplemente administradores del recuerdo.
En 2023, el vecinalismo no logró ordenar una lista única. Compitieron Claudia Cittadino por Compromiso Vecinal y Werner Nickel por Movimiento Vecinal Renovación. No lo digo como interpretación suelta: en aquel momento se informó que no hubo acuerdo para elegir sucesor y que la interna se iba a resolver en las PASO.
Ahí ya estaba el problema.
No era solo una interna electoral.
Era la sucesión de Sánchez.
Era la discusión sobre quién heredaba el poder, quién heredaba el sello y quién podía hablar en nombre del vecinalismo después de 20 años de conducción personalista.
Werner Nickel, incluso, planteaba que su línea buscaba recuperar la “independencia política e ideológica” del Movimiento Vecinal y llegó a decir que la otra línea era una extensión ideológica del kirchnerismo.
Ese dato importa.
Porque muestra que la discusión sobre la cercanía del sanchismo con el peronismo no apareció ahora.
Viene de adentro.
Viene de antes.
Viene de una herida que el Movimiento Vecinal nunca cerró.
En 2023 Sánchez sí estuvo
Hay un punto que no se puede borrar.
En 2023 Sánchez sí estuvo.
No miró de afuera.
No se escondió.
No dijo “yo ya no tengo nada que ver”.
Acompañó.
Respaldó a Claudia Cittadino, apareció en fotos, puso parte de su estructura política y permitió que su propio peso quedara asociado a esa candidatura. En plena campaña, Cittadino apareció acompañada por Sánchez y ambos sostuvieron el objetivo de que el Movimiento Vecinal siguiera gobernando Tres Arroyos.
También hubo presentación de lista con apoyo explícito de Sánchez a Compromiso Vecinal.
Es decir: el apellido estuvo.
La estructura estuvo.
La foto estuvo.
El respaldo estuvo.
Y aun así, el Movimiento Vecinal perdió.
Pablo Garate ganó con Unión por la Patria con el 34,65%. Juntos por el Cambio quedó segundo con el 26,78%. El Movimiento Vecinal quedó tercero con el 25,23%. La Libertad Avanza sacó el 11,68%.
Ese dato es central.
Porque hoy se puede decir que Sánchez vuelve a ordenar.
Puede ser.
Pero ya estuvo.
Ya apoyó.
Ya puso la foto.
Ya puso el apellido.
Y aun así, el Movimiento Vecinal perdió después de 28 años de hegemonía.
Entonces la pregunta no es si Sánchez pesa.
Claro que pesa.
La pregunta es si alcanza.
2025: cuando Sánchez no apareció
Después vino 2025.
Y ahí la película fue distinta.
Sánchez prácticamente no apareció en la campaña. No hubo una presencia fuerte, no hubo una foto ordenadora, no hubo una señal clara de apoyo como en 2023.
Y eso también habla.
Porque en política, a veces una ausencia dice más que un discurso.
El Movimiento Vecinal fue a la elección con otra cara: María Saavedra, Patricio Roché, Roxana Calvo continuando su recorrido legislativo y Mariano Hernández como uno de los pocos nombres que todavía conectan de manera directa con el sanchismo original.
Los números fueron más duros todavía: Fuerza Patria ganó con el 40,76%, La Libertad Avanza quedó segunda con el 23,13%, el Movimiento Vecinal cayó al 15,36% y Nuevos Aires llegó al 11,21%.
Ahí aparece el problema real.
En 2023, con Sánchez presente, el MV perdió.
En 2025, con Sánchez corrido del centro de la escena, el MV se achicó.
Entonces el problema no es solamente Sánchez sí o Sánchez no.
El problema es más profundo.
Es identidad.
Es conducción.
Es futuro.
Es una interna que todavía no termina de decir su nombre.
Los históricos y las ideas que los separan
Sánchez también habló de una reunión con históricos del vecinalismo.
Nombró a Balbuena, Luis Aramberri, Etcheto y Salim. Y dijo que ahí surgieron “las ideas que nos separan”.
Esa frase vale más que muchas declaraciones formales.
Porque no habla de una diferencia menor.
No habla de un matiz.
Habla de separación.
De ideas que dividen.
De un Movimiento Vecinal que no solo discute candidaturas, sino sentido político.
¿Qué es hoy el Movimiento Vecinal?
¿El partido de gestión que gobernó Tres Arroyos durante 28 años?
¿Una estructura legislativa que intenta sobrevivir?
¿Un sello con nostalgia?
¿Una oposición moderada?
¿Un puente hacia sectores peronistas?
¿Una plataforma para armar contra Garate?
¿Un espacio que puede convivir con La Libertad Avanza?
La pregunta parece simple.
No lo es.
Porque cuando un partido necesita volver a preguntarse qué es, es porque algo se rompió.
Hernández, Saavedra y el silencio sobre Calvo
Cuando Sánchez dice que recorre barrios con Mariano Hernández, no está contando una anécdota.
Está mostrando una línea política.
Hernández no es un concejal más dentro del Movimiento Vecinal. Es, probablemente, el sanchista más claro que queda en el Concejo. El más de pura cepa. El que viene nombrando reiteradamente a Sánchez. El que todavía parece hablar desde esa vieja identidad vecinalista construida alrededor del exintendente.
Además, no aparece de casualidad en esta historia. En 2023, cuando el vecinalismo discutía la sucesión, Mariano Hernández ya figuraba como primer precandidato a concejal en la línea de Claudia Cittadino, la lista más vinculada al sanchismo.
Por eso la frase importa.
Sánchez-Hernández no es casualidad.
Es una señal.
Y tal vez algo más que una señal.
Porque cuando un exintendente de 20 años dice que recorre barrios con un concejal propio, no está haciendo turismo político.
Está construyendo.
Hernández puede aparecer hoy como el sanchista que quedó en pie dentro del Concejo. Pero también puede empezar a perfilarse como otra cosa: una figura ejecutiva para 2027.
Todavía nadie lo dice abiertamente.
Pero en política local, caminar barrios con Carlos Sánchez no es una caminata.
Es una instalación.
La pregunta, entonces, no es solo si Sánchez vuelve. La pregunta es a quién viene a levantar.
María Saavedra aparece en otro lugar.
No es la vieja guardia pura. Tampoco es una ruptura completa. Puede funcionar como nexo entre los históricos y los nuevos. Entre la experiencia acumulada y la necesidad de mostrar renovación.
El propio Sánchez dijo que Saavedra y Hernández trabajan sobre su persona de cara al futuro político de 2027, y que él acompañará a quien sea candidato a intendente.
Saavedra puede ser puente.
Hernández puede ser continuidad.
Y en el medio aparece un silencio que pesa.
Roxana Calvo.
Calvo es la presidenta del bloque del Movimiento Vecinal. Ese dato no es menor: el propio HCD la informa como presidenta del bloque, junto a Roché, Saavedra y Hernández dentro del espacio vecinalista.
Sin embargo, en esta reaparición de Sánchez no aparece ocupando el centro del relato.
Y en política, una omisión también habla.
A veces más que una declaración.
Porque si Sánchez vuelve para ordenar, hay que mirar a quién ordena.
Y también a quién deja fuera de la foto.
La Libertad Avanza quedó expuesta
Pero la contradicción más incómoda no está solamente dentro del Movimiento Vecinal.
Está en La Libertad Avanza.
Sánchez dijo que lo fueron a buscar.
Y ahí se cae una parte del relato.
Porque La Libertad Avanza se presenta como la fuerza que viene a combatir al peronismo, a la política tradicional, a la casta, al viejo sistema, al pasado.
De hecho, la presentación local de La Libertad Avanza habló de posicionarse como una fuerza antagónica al peronismo local.
Pero después van a buscar a Sánchez.
Y Sánchez no es cualquier figura para una fuerza que dice pelear contra el peronismo.
No hace falta escribir que Sánchez es peronista orgánico. No hace falta discutir carnet, ficha partidaria ni afiliación.
En Tres Arroyos se entiende otra cosa.
Sánchez siempre tuvo puentes fuertes con el universo peronista. Su relación con Cuto Moreno, su vínculo con Kicillof y su forma de gestionar lo ubicaron durante años mucho más cerca de ese ecosistema que de una derecha antiperonista.
No es una etiqueta partidaria.
Es una lectura política local.
Cuto Moreno llegó a proponer a Sánchez como candidato a diputado provincial por la Sexta dentro de Unión por la Patria, aun cuando Sánchez no pertenece orgánicamente al PJ.
Y ahora el propio Sánchez dice que Kicillof siempre lo atendió, que le abrió la puerta y que lo recibió cuando fue necesario.
Entonces la pregunta es simple:
¿Qué tan antiperonista es una fuerza que va a buscar a un dirigente históricamente vinculado al peronismo territorial?
Para la tribuna: somos la renovación.
Para el armado: llamemos a Sánchez.
Y no.
Eso no es renovación.
Eso es necesidad.
También el radicalismo
Sánchez no dijo solamente que lo buscó La Libertad Avanza.
También habló de sectores del radicalismo.
Y eso también importa.
Porque muestra otra cosa: el exintendente sigue siendo visto por distintos sectores opositores como una pieza útil para armar poder.
No necesariamente por amor al vecinalismo.
No necesariamente por coincidencia ideológica.
Por cálculo.
Por volumen.
Por estructura.
Por conocimiento territorial.
Por apellido.
Por lo que todavía puede mover.
Sánchez no vuelve a un tablero vacío.
Vuelve a un tablero lleno de piezas sueltas.
Y cuando hay demasiadas piezas sueltas, cualquiera que pueda ordenarlas pasa a valer más.
Una oposición partida en demasiados pedazos
La cantidad de bloques también cuenta la historia.
Hoy el Concejo muestra una fragmentación evidente: Fuerza Patria, Movimiento Vecinal, La Libertad Avanza, Unión y Libertad, Nuevos Aires y Coalición Cívica ARI aparecen como bloques diferenciados.
Eso favorece al oficialismo.
Porque mientras Garate tiene una primera minoría ordenada, la oposición aparece repartida en identidades, egos, trayectorias, heridas y cálculos.
En 2025, además, el tablero ya venía movido: Giordano y Bartneche se apartaron de Juntos por el Cambio para iniciar camino en La Libertad Avanza, mientras Gustavo Moller armó un unibloque.
Ese es el contexto real de la vuelta de Sánchez.
No vuelve solamente al Movimiento Vecinal.
Vuelve a una oposición desordenada.
Y en una oposición desordenada, el que puede ordenar se vuelve peligroso.
Aunque no sea candidato.
Aunque diga que solo acompaña.
Aunque hable despacio.
Aunque parezca retirado.
El voto peronista que no se movió
También hay que ser cuidadosos con otra idea.
Sánchez puede mover votos peronistas no garatistas.
Puede ser.
Tiene vínculos. Tiene historia. Tiene llegada. Tiene relación con sectores del peronismo. Tiene diálogo con actores que no se sienten necesariamente representados por el garatismo.
Pero 2023 ya dejó una enseñanza.
Con Sánchez acompañando al Movimiento Vecinal, el voto peronista igual se fue mayoritariamente con Garate.
Unión por la Patria ganó.
El Movimiento Vecinal quedó tercero.
Entonces cuidado con vender humo.
Sánchez puede ordenar nostalgias.
Puede darle volumen a un armado.
Puede hablarle a vecinos que no se sienten cómodos con Garate ni con la derecha libertaria.
Pero no hay evidencia de que su sola presencia alcance para recuperar el voto que ya eligió otra cosa.
La realidad no negocia con los recuerdos.
La explicación de Milei no alcanza
Sánchez explicó la derrota del vecinalismo por el arrastre de Milei y sostuvo que se fueron alrededor de cuatro mil votos hacia La Libertad Avanza a nivel nacional.
Puede haber algo de eso.
Sería ingenuo negar el impacto nacional de 2023.
Pero también sería cómodo reducir todo a Milei.
Porque si la derrota del Movimiento Vecinal fue solamente por Milei, entonces no hay nada para revisar hacia adentro.
Y eso es falso.
Hubo interna.
Hubo desgaste.
Hubo sucesión mal resuelta.
Hubo falta de unidad.
Hubo una ciudadanía que, después de 28 años, eligió cortar el ciclo.
Hubo un Movimiento Vecinal que no supo explicar con suficiente fuerza por qué debía seguir gobernando sin Sánchez.
Entonces sí: Milei pudo haber movido votos.
Pero Milei no inventó la interna del vecinalismo.
Milei no inventó la falta de sucesión.
Milei no inventó la pregunta que todavía sigue abierta.
¿Qué es el Movimiento Vecinal después de Sánchez?
La pregunta Sabina
Y después está la pregunta incómoda.
Sabina Sánchez.
No como afirmación.
No como dato cerrado.
No como operación.
Como pregunta política.
Sabina, su hija, reapareció públicamente en 2025, habló de la renovación del Movimiento Vecinal, dijo que mantiene contacto permanente por amistad y trabajo compartido, reconoció conversaciones recientes y afirmó que se piensa en una renovación con personas nuevas y experiencia.
Entonces la duda existe.
¿Sánchez vuelve solamente para acompañar a Hernández, a Saavedra o a quien termine siendo candidato?
¿O también vuelve para volver a instalar el apellido Sánchez en el tablero local?
¿Está allanando terreno?
¿Está ordenando la casa?
¿Está limpiando el camino para que su hija pueda aparecer en una futura candidatura a concejal?
No se puede afirmar.
Pero se puede preguntar.
Porque la política local suele moverse así: primero aparece una frase, después una recorrida, después una foto, después una reunión, después una posibilidad que nadie confirma hasta que ya está instalada.
Y el apellido Sánchez en Tres Arroyos no es un apellido más.
Tiene peso.
Tiene historia.
Tiene votos.
Tiene resistencia.
Tiene nostalgia.
Y también tiene desgaste.
El Movimiento Vecinal de cara al futuro
El Movimiento Vecinal tiene tres caminos.
El primero: convertirse en museo.
Vivir de las obras pasadas, de la épica de Aprile y Sánchez, de las fotos viejas, de “lo que fuimos”, de “lo que hicimos”, de “cuando gobernábamos”.
Eso sirve para homenajes.
No siempre sirve para ganar elecciones.
El segundo: quedar atrapado en una interna permanente.
Históricos por un lado.
Nueva generación por otro.
Sanchistas puros por otro.
Dirigentes legislativos intentando sostener volumen propio.
Candidatos que quieren renovar, pero necesitan la bendición del pasado.
Y todos repitiendo la palabra “vecinalismo” como si la palabra sola alcanzara para ordenar un proyecto.
No alcanza.
El tercer camino es el más difícil: reconstruirse políticamente.
No desde la nostalgia.
No desde la obediencia a Sánchez.
No desde el enojo con Garate.
No desde el oportunismo libertario.
Desde una pregunta mucho más dura:
¿Qué tiene para decir el Movimiento Vecinal en 2027 que no sea simplemente “volvamos a lo anterior”?
Porque si la única propuesta es volver al pasado, el futuro ya nace viejo.
Y si la única estrategia es esperar que Sánchez ordene todo, entonces el problema sigue siendo el mismo: el Movimiento Vecinal no resolvió cómo vivir sin su jefe.
Sánchez vuelve.
Sí.
Y su vuelta importa.
Pero no vuelve a un partido ordenado.
Vuelve a un partido partido.
Vuelve a un espacio que en 2023 perdió aun con su respaldo, que en 2025 se achicó sin su presencia central, que hoy tiene concejales de distintas generaciones, una presidenta de bloque que no aparece en el centro del nuevo relato, un sanchista puro caminando barrios con él, una dirigente como Saavedra intentando tender puentes, una posible proyección sobre Hernández, una pregunta abierta sobre Sabina, históricos con diferencias internas, libertarios que lo fueron a buscar mientras dicen combatir al peronismo, radicales que también lo miran y una oposición que sabe que, sin alguna forma de orden, Garate llega al 2027 con ventaja.
La aparición de Sánchez no cierra la interna.
La ilumina.
Y a veces eso es más importante.
Porque cuando vuelve alguien con tanto peso, no solo se mueve el tablero.
También se ve el polvo debajo de la alfombra.
El Movimiento Vecinal tiene que decidir si Sánchez vuelve para acompañar el futuro o para recordarle a todos que todavía no supieron construirlo sin él.







Cuanto papel , cuanta tinta , tremendo espacio al final no decis nada ELTRESARROYENSE
Te leemos entonces.