¿El emprendedurismo: una nueva forma de precarización?
En los últimos años, el emprendedurismo se convirtió en una bandera de autonomía y éxito personal. En Argentina, por ejemplo, iniciativas como el programa «Emprender» buscaron fomentar el desarrollo de pequeños negocios, destacando la creatividad y el esfuerzo individual como motores del progreso. La idea de «ser tu propio jefe» no solo capturó el imaginario colectivo, sino también se instaló como una alternativa al trabajo asalariado tradicional. Sin embargo, detrás del brillo del «hazlo por vos mismo», surgen dudas: ¿Es esta nueva modalidad laboral una respuesta real al desempleo o simplemente otra cara de la precarización laboral? Esta pregunta se vuelve especialmente relevante cuando observamos cómo las campañas mediáticas y gubernamentales enaltecen la figura del emprendedor como el único camino hacia el éxito.
Un poco de contexto
Desde los años ’70, el mercado laboral se transformó profundamente. La desregulación, la flexibilización y la tecnología redibujaron el panorama, dejando a muchos trabajadores en un limbo entre la estabilidad y la incertidumbre. En este escenario, el emprendedurismo emergió como una salida: promesas de libertad horaria, ingresos ilimitados y la posibilidad de transformar pasiones en profesiones.
Sin embargo, estas promesas suelen venir con costos ocultos. Al igual que en las plataformas digitales donde los «socios» trabajan sin horarios fijos pero sin seguridad social, los emprendedores enfrentan una realidad similar: son sus propios jefes, pero también sus propios empleados. Y, en muchos casos, también sus propios explotadores.
La cara menos visible del emprendedurismo
Ser emprendedor puede sonar ideal, pero implica enfrentar una serie de desafíos que, en muchos casos, lo acercan peligrosamente a la precariedad laboral:
- Inestabilidad económica: No hay ingresos garantizados ni beneficios como aguinaldo, vacaciones o cobertura médica.
- Carga laboral excesiva: En busca de «hacerlo funcionar», muchos emprendedores trabajan jornadas interminables.
- Falta de redes de contención: Al no estar encuadrados en relaciones laborales tradicionales, los emprendedores quedan fuera del alcance de sindicatos o leyes laborales protectoras.
Estos puntos recuerdan el modelo de «falso autónomo» de las plataformas digitales: trabajadores que, bajo la apariencia de independencia, terminan precarizados. Ejemplos locales incluyen aplicaciones de delivery como Rappi o PedidosYa, donde los repartidores operan sin cobertura de salud ni derechos laborales formales. En un artículo de La Tinta (fuente), varios emprendedores reflexionan sobre esta realidad, destacando cómo muchas veces terminan autoexplotándose en busca de «hacerlo funcionar». Ejemplos locales incluyen aplicaciones de delivery como Rappi o PedidosYa, donde los repartidores operan sin cobertura de salud ni derechos laborales formales.
¿Una precarización disfrazada de oportunidad?
En Argentina, la cultura emprendedora se potenció con programas gubernamentales como el «Plan Nacional de Microemprendimientos» y la narrativa de «empezá tu propio negocio» que prolifera en redes sociales y cursos de capacitación. Estas iniciativas buscan inspirar, pero también trasladan la responsabilidad del éxito o fracaso al individuo. Pero detrás de estos discursos, algunos expertos ven una estrategia para descargar responsabilidades del Estado y las empresas sobre los individuos.
Un informe del CONICET (fuente) señala que el emprendedurismo, en ocasiones, promueve una versión distorsionada de la meritocracia: si no logras el éxito, es porque «no te esforzaste lo suficiente». Esta lógica desconoce las desigualdades estructurales y las barreras socioeconómicas que enfrenta gran parte de la población, generando frustración y más precariedad. Esta lógica desconoce las desigualdades estructurales y las barreras socioeconómicas que enfrenta gran parte de la población.
Además, estudios sobre plataformas digitales revelan cómo estas empresas disfrazan relaciones laborales con términos como «colaboración» o «partnership», dejando a los trabajadores sin derechos ni garantías.
Reflexiones finales
El emprendedurismo no es intrínsecamente negativo. Para muchos, representa una posibilidad real de crecimiento y autonomía. Casos como el de emprendedores locales que lograron transformar proyectos de economía circular o productos regionales en negocios sostenibles son un claro ejemplo de su potencial positivo. Pero también es cierto que, sin un marco legal y social que lo respalde, puede convertirse en una nueva forma de precarización. En este sentido, es crucial que las políticas públicas acompañen a los emprendedores, garantizando derechos básicos como acceso a obra social, aportes jubilatorios y protecciones contra la explotación.
En un contexto como el argentino, donde la creatividad y la resiliencia son moneda corriente, es esencial que el sistema no deje a los emprendedores librados a su suerte. Porque al final del día, el verdadero progreso no se mide por el número de «jefes de sí mismos», sino por la dignidad y calidad de vida de todos los trabajadores.







Leí atentamente y si bien es cierto que hay cierto desamparo en el auto-emprendimiento también creo que es una posibilidad real de llevar a la acción tareas de acuerdo a la propia imaginación y esfuerzo. Es real que la mayoría de las veces demanda una energía enorme pero también está la posibilidad de hacer una realidad el no depender del criterio de uno o varios jefes. Y sí; todo tiene su costo y su recompensa.