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Cuando Tres Arroyos tenía una fábrica con 350 obreros: armaba camiones para el Ejército, reconstruía vagones y exportaba silos

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En 1945, una sola fábrica de Tres Arroyos tenía 350 trabajadores. Poco después, por sus talleres pasaban chasis Dodge, DeSoto y Fargo que terminarían convertidos en camiones para el Ejército Argentino. Por las mismas instalaciones ingresaban vagones ferroviarios para ser reconstruidos y, a pocas cuadras, otra metalúrgica comenzaría a fabricar silos que terminaron vendidos en Paraguay, Uruguay y Bolivia.

No estamos hablando de Avellaneda, Rosario ni Córdoba. Todo eso ocurría en Tres Arroyos.

Y todavía quedan rastros de aquella ciudad industrial.

Obreros de la fábrica Rossi. Foto histórica archivo Museo Mulazzi.

De un pequeño taller a una fábrica con 350 obreros

La historia de Rossi comenzó mucho antes de los camiones militares. En 1903, Alejandro Rossi instaló un pequeño taller en la esquina de Isabel la Católica y avenida Rivadavia. El trabajo inicial era bastante más modesto: construcción y reparación de carros y sulkys.

El negocio creció y en 1916 se trasladó a Saavedra 40, donde pudo incorporar maquinaria y comenzar a fabricar productos propios. Alejandro Rossi murió en 1919 y sus hijos continuaron el emprendimiento. El gran salto llegó en 1925, cuando comenzaron a producir acoplados para transportar granos y otras cargas.

De acuerdo con la investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Rossi Hermanos fue la primera industria que fabricó acoplados en la provincia de Buenos Aires. Sus productos comenzaron a venderse en buena parte del territorio nacional y aquel taller familiar empezó a transformarse en una industria de otra dimensión.

El crecimiento obligó a nuevas mudanzas y ampliaciones hasta desembocar en el complejo de calle Castelli, junto a las vías del ferrocarril. Allí Rossi llegó a montar una fundición de acero con usina propia. Para 1944 sus instalaciones alcanzaban unos 3.600 metros cuadrados.

Un año después, la fábrica tenía 350 obreros. La cifra permite dimensionar lo que significaba aquella empresa para el Tres Arroyos de mediados de los años 40: centenares de familias vinculadas de manera directa a una sola fábrica y una enorme cantidad de oficios concentrados en un mismo lugar.

Los camiones del Ejército que se armaban en Tres Arroyos

En 1947 Rossi trabajó con numerosos camiones Dodge, DeSoto y Fargo destinados al Ejército Argentino. Los vehículos no nacían íntegramente en Tres Arroyos: llegaban con el chasis, el motor y algunos componentes básicos. A partir de allí comenzaba el trabajo local de carrozado y terminación.

El estudio universitario recupera el testimonio de Emilio García, que había trabajado en Rossi. Su recuerdo permite prácticamente entrar al taller: se construía primero la estructura de madera de la carrocería y sobre ella se colocaban las chapas; después venían puertas, revestimientos, manijas, mecanismos y terminaciones interiores.

Es decir, aquellos camiones militares que después circulaban por el país habían pasado por manos de trabajadores tresarroyenses. Y no era el único contrato vinculado al Ejército: Rossi también realizó pontones y cocinas de campaña, además de otros implementos.

Vagones, fundición y hasta un ferrocarril dentro de la fábrica

La fábrica tenía otra particularidad difícil de imaginar mirando hoy la ciudad: los vagones ferroviarios entraban al establecimiento.

Rossi reparaba vagones y podía reconstruirlos prácticamente a nuevo. En los años 50 amplió todavía más su producción con grandes acoplados, semirremolques, carrocerías, tanques para transporte y almacenamiento de alimentos, carros pontoneros, silos y pequeños elevadores.

Para 1959, el complejo fabril de Castelli y Pedro N. Carrera superaba los 4.500 metros cuadrados y estaba dividido en sectores de metalurgia, fundición, mecánica, carpintería y pintura, además de las áreas técnica y administrativa.

Pero el detalle más cinematográfico estaba en el interior: había desvíos ferroviarios propios y un puente giratorio que distribuía los vagones por cuatro vías hacia las distintas secciones de la fábrica.

Rossi ya no era solamente una fábrica conocida en Tres Arroyos. Tenía además oficinas, salón de exposición y ventas en la calle Bartolomé Mitre de la ciudad de Buenos Aires.

EIMA: cuatro trabajadores que decidieron crear su propia fábrica

La segunda gran historia tiene una característica que ayuda a entender todo lo que vino después: la industria tresarroyense formaba industriales.

José Agostinucci y Bruno Barbafina habían llegado desde Italia y se instalaron en Tres Arroyos en 1926. Entraron a trabajar en Istilart, donde conocieron a Héctor Díaz y Norman Pérez. Los cuatro fueron ascendiendo hasta convertirse en jefes de distintas secciones.

Pasaron aproximadamente veinte años aprendiendo el oficio y entonces decidieron independizarse.

El 24 de septiembre de 1947 nació EIMA, Establecimiento Industrial Metalúrgico Argentino. Primero funcionó en Buenos Aires al 500 con un capital inicial de 100.000 pesos de la época y dedicada principalmente a los acoplados. El crecimiento fue tan rápido que terminaron trasladándose a un enorme predio comprendido por Castelli, Güemes, avenida del Trabajador y Pedro N. Carrera, donde anteriormente se habían realizado remates de la Sociedad Rural.

Para 1952 la fábrica estaba organizada en siete grandes áreas: técnica, tornería, montaje, calderería, carpintería, matricería y herrería.

Allí se fabricaban acoplados para bolsas de cereal, remolques para transporte a granel, unidades para minerales y hacienda, semivolcadores, tanques para agua y combustible, vagonetas y zorras para minas. También se reparaban vagones.

Los silos de Tres Arroyos que llegaron a Paraguay, Uruguay y Bolivia

En 1954 EIMA comenzó a fabricar silos metálicos.

La actividad creció hasta convertir a la empresa en uno de los referentes argentinos del sector. Desde Tres Arroyos se vendieron instalaciones no solamente a distintos puntos del país, sino también a Paraguay, Uruguay y Bolivia.

Una publicidad de la propia empresa publicada en 1965 permite dimensionar la magnitud que afirmaba haber alcanzado: EIMA anunciaba que en diez años había producido 9.000 silos capaces de almacenar en conjunto 1.300.000 toneladas. La cifra corresponde a publicidad empresarial de la época, conservada y reproducida en la investigación de la UNMdP.

En 1975, la documentación recopilada por el mismo estudio indica que EIMA fabricaba silos desde 50 hasta 1.500 toneladas de capacidad, además de instalaciones fijas o transportables y norias centrales.

La empresa llegó a ocupar dos manzanas, tenía oficinas en Capital Federal destinadas a compras, ventas, importación y exportación y, durante su apogeo en los años 60, mantenía alrededor de 115 trabajadores permanentes distribuidos en dos turnos.

Uno de sus antiguos trabajadores recordaría años después que durante la cosecha la fábrica prácticamente no paraba. La imagen ayuda a reconstruir una ciudad muy distinta: turnos de ocho horas, obreros entrando y saliendo, vagones junto a las vías y maquinaria agrícola rumbo a establecimientos de distintas provincias.

Una fábrica cerraba, pero el conocimiento quedaba

Las grandes metalúrgicas no existían de manera aislada. Los trabajadores aprendían oficios, dominaban máquinas, conocían materiales y después algunos de ellos comenzaban sus propios emprendimientos.

Los fundadores de EIMA habían salido de Istilart. Y de EIMA también saldrían nuevos empresarios.

Francisco Fernández se incorporó a EIMA en 1947 y llegó a ser capataz. Allí conoció al italiano Pierino Travaini. En enero de 1952 ambos fundaron TRAFER.

Empezaron en un pequeño taller con apenas dos o tres obreros, fabricando accesorios para maquinaria agrícola. Con el tiempo se especializaron en mecanización de plantas de silos y extendieron sus trabajos a clientes de todo el país. En 1984 incluso adquirieron parte de las antiguas instalaciones de EIMA y permanecieron allí hasta que la empresa se trasladó al Parque Industrial a fines de 2014.

TRAFER sigue funcionando. Más de siete décadas después de aquel pequeño taller, produce desde Tres Arroyos plantas de silos y soluciones metalúrgicas y actualmente también ofrece desarrollos para el sector de petróleo y gas.

El hilo es extraordinario: Istilart formó trabajadores que crearon EIMA; EIMA formó trabajadores que crearon TRAFER; y TRAFER continúa produciendo en Tres Arroyos en pleno siglo XXI.

Y todavía faltaba la Acería del Sur

El entramado metalúrgico de aquellos años fue incluso más grande.

A mediados de los 50, socios vinculados a EIMA impulsaron Acería del Sur, instalada sobre avenida Aníbal Ponce. No era simplemente otro taller: producía acero y llegó a contar con hornos, grúas, equipos de moldeo y maquinaria de gran porte.

Según el testimonio histórico de Romano Sorrentino, que trabajó en la empresa, durante aproximadamente una década la acería produjo piezas destinadas a Peugeot, entre ellas componentes utilizados en los modelos 404 y 504. En su mejor momento habría alcanzado alrededor de 120 trabajadores.

Es otro dato que parece ajeno a la historia económica local y, sin embargo, ocurrió acá: hubo piezas de automóviles Peugeot fabricadas en Tres Arroyos.

El final de una época

Las enormes fábricas no fueron inmunes a las crisis económicas.

Rossi terminó cerrando después de atravesar dificultades financieras. EIMA comenzó a sufrir problemas de productividad, financiamiento y crédito hacia fines de los años 60, pasó por cambios de propietarios y finalmente cerró sus puertas el 13 de diciembre de 1979.

Acería del Sur también atravesaría cierres y reaperturas hasta desaparecer definitivamente.

Pero los edificios no se esfumaron.

La investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata relevó que buena parte de las antiguas estructuras de Rossi y EIMA sobrevivió y fue reutilizada con funciones municipales. La vieja fachada de Rossi, sobre Castelli, todavía permite reconocer el edificio fabril; en las antiguas instalaciones de EIMA permanecen galpones y sectores administrativos que conservan parte de su fisonomía original.

Son restos de una fábrica, pero también documentos de ladrillo.

La industria cambió de lugar, pero no desapareció

Hoy el centro de gravedad industrial está en otro punto de la ciudad. El Parque Industrial de Tres Arroyos reúne más de 80 empresas, según información oficial del Municipio. Allí conviven firmas agroalimentarias, metalúrgicas y de servicios que venden dentro y fuera del distrito.

La metalmecánica sigue teniendo un peso concreto. TRAFER continúa allí su historia; Metalúrgica Los Arroyos fabrica y exporta artículos rurales desde el Parque Industrial; Arg-Metal desarrolla implementos agrícolas y otras firmas mantienen actividades relacionadas con maquinaria, estructuras y trabajo de metales.

Hace pocos días, cuando Tres Arroyos avanzó en un acuerdo de integración productiva con Bahía Blanca, el propio Municipio volvió a definir una de las especializaciones locales con una frase que podría haber sido escrita muchas décadas atrás: “actividad metalmecánica ligada al sector agropecuario”.

No nació ahora. Tiene más de un siglo de historia.

Una ciudad que todavía lleva esa fábrica adentro

La historia de Rossi, EIMA y las industrias que aparecieron alrededor de ellas cambia un poco la forma de mirar Tres Arroyos.

La ciudad que se reconoce naturalmente como agrícola también supo construir una identidad fabril poderosa alrededor de ese mismo campo. Donde había trigo y ganadería aparecieron personas capaces de diseñar acoplados, construir maquinaria, fundir piezas, reconstruir vagones, carrozar camiones militares y desarrollar sistemas para almacenar miles de toneladas de cereal.

Algunos de aquellos establecimientos desaparecieron. Otros dieron origen a empresas nuevas. Sus trabajadores llevaron los conocimientos de una fábrica a otra y, generación tras generación, fueron construyendo una especialización que todavía puede encontrarse en los talleres y empresas de la ciudad.

Por eso la historia no termina con una persiana baja en 1979.

Todavía quedan edificios. Quedan empresas. Quedan apellidos. Quedan máquinas. Y seguramente quedan también cientos de fotografías, anécdotas y recuerdos guardados en casas de Tres Arroyos.

Porque durante una época, mientras buena parte del país conocía a la ciudad por el trigo, desde acá también salían camiones para el Ejército, vagones reconstruidos, piezas de acero y silos que cruzaban fronteras.

Y eso también es Tres Arroyos.

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