Reed Peggram tenía una salida. Mientras Europa se hundía en la Segunda Guerra Mundial, podía regresar a Estados Unidos y alejarse del peligro. Pero había una condición: debía dejar atrás al hombre que amaba. No lo hizo. Era negro, gay, estadounidense y uno de los alumnos más destacados que había pasado por Harvard. Terminó detenido, sobrevivió a campos de prisioneros y escapó de los nazis atravesando Italia junto a su pareja.
Su historia estuvo prácticamente olvidada durante décadas y volvió a conocerse gracias al trabajo de la historiadora Ethelene Whitmire, que reconstruyó su vida a partir de cartas, archivos y documentos. En febrero de 2026, además, se publicó una biografía dedicada íntegramente a él.
Ser negro ya había condicionado su vida mucho antes de la guerra
Peggram nació en Boston en 1914 y desde chico mostró una capacidad académica excepcional. Ingresó a Harvard en 1931, estudió lenguas y literatura románicas y se graduó magna cum laude cuatro años después.
Pero ser un estudiante brillante no alcanzaba para escapar del racismo de la época. Los estudiantes negros tenían restricciones para vivir dentro del campus y, cuando Peggram aspiró a una prestigiosa beca Rhodes para continuar sus estudios en Inglaterra, ocurrió algo que hoy resulta brutal: un funcionario de Harvard envió una carta adicional para advertir que el candidato era negro.
No consiguió la beca.
Ese episodio ayuda a entender algo central de su historia. Cuando años después sus familiares le pedían que abandonara Europa y volviera a Estados Unidos, regresar a casa tampoco significaba volver a un lugar donde pudiera vivir plenamente libre. Su propio país seguía segregando a las personas por el color de su piel.
París, el amor y una vida que parecía posible
En 1938 Peggram consiguió nuevas becas y viajó a París para estudiar en la Sorbona. Allí encontró una libertad personal muy distinta a la que había conocido en Estados Unidos. Estudiaba, escribía, frecuentaba museos, óperas y círculos intelectuales, y podía vivir su sexualidad con algo más de libertad.
En 1939 conoció al artista danés Arne Hauptmann. Se enamoraron y empezaron a construir una vida juntos justo cuando Europa comenzaba a desmoronarse.
Poco después Alemania invadió Polonia y comenzó la guerra. Estados Unidos recomendaba a sus ciudadanos regresar y la familia de Reed insistía para que volviera. Él tenía posibilidades de hacerlo. Arne, no.
Peggram tomó entonces la decisión que terminaría marcando el resto de su vida: no iba a salvarse dejando a su pareja atrás.
En aquel momento ni siquiera podía explicar abiertamente a su familia por qué se quedaba. Presentaba a Arne como amigo y colaborador intelectual. Decir simplemente “es el hombre que amo” podía tener consecuencias enormes para un hombre gay en los años 40.
Negro, gay y atrapado en la Europa fascista
La pareja logró salir de Dinamarca poco antes de la invasión alemana y terminó en Italia. Allí la situación se volvió cada vez más peligrosa. No podían trabajar con normalidad, tenían problemas económicos y comenzaron a ser observados por las autoridades.
Documentos recuperados décadas después muestran que los italianos consideraban sospechosa la relación “demasiado íntima” entre ambos. La raza también pesaba: en aquellos años resultaba escandaloso para las autoridades fascistas que un hombre blanco europeo conviviera con un estadounidense negro.
Finalmente fueron detenidos.
Y otra vez apareció la posibilidad de separarse. Reed, como ciudadano estadounidense, podía recibir un tratamiento distinto. Arne estaba en una situación mucho más complicada. Sin embargo, ninguno quiso abandonar al otro.
Primero Peggram había renunciado a volver a Estados Unidos sin él. Después fue Arne quien se negó a aceptar una salida que implicaba dejar a Reed.
Los dos terminaron padeciendo aislamiento, hambre y condiciones durísimas dentro de campos de prisioneros.
La fuga y meses escondidos en Italia
En 1944, mientras los aliados avanzaban sobre Italia, partisanos atacaron uno de los lugares donde estaban detenidos y se abrió la posibilidad de escapar.

Reed y Arne salieron, pero todavía estaban lejos de estar a salvo. Pasaron meses moviéndose por territorio ocupado, escondiéndose durante el día, durmiendo en graneros y bosques y recibiendo ayuda de familias vinculadas a la resistencia italiana.
En uno de esos desplazamientos incluso quedaron bajo fuego de ametralladoras alemanas.
Finalmente, en diciembre de 1944, consiguieron alcanzar posiciones estadounidenses. Reed había sobrevivido a la Europa fascista siendo exactamente aquello que los regímenes racistas y homofóbicos de la época despreciaban: un hombre negro que amaba a otro hombre.
Sobrevivieron a la guerra, pero no pudieron seguir juntos
Después de todo aquello, los dos intentaron encontrar una manera de continuar su vida en común. No pudieron.
Arne no consiguió una visa para instalarse en Estados Unidos y en agosto de 1945 Peggram regresó solo.
Nunca volvieron a verse.

La posguerra tampoco fue amable con Reed. Sufrió una profunda crisis psicológica y pasó varios años hospitalizado. Aquella prometedora carrera académica que había comenzado en Harvard quedó atrás. Terminó llevando una vida mucho más silenciosa en Boston, donde continuó estudiando idiomas, cantando en coros y frecuentando bibliotecas hasta su muerte, en 1982.
Durante décadas, su historia quedó enterrada en archivos.
Una historia que recién ahora vuelve a salir a la luz
La historiadora Ethelene Whitmire pasó años siguiendo cartas, documentos universitarios, periódicos de la comunidad afroamericana y archivos familiares para reconstruir aquella vida. El resultado terminó convertido en The Remarkable Life of Reed Peggram: The Man Who Stared Down World War II in the Name of Love, publicado en febrero de 2026.

Y hay algo en la historia de Reed Peggram que sigue pegando fuerte más de ochenta años después. No fue simplemente un hombre que sobrevivió a los nazis. Fue un tipo negro que había conocido el racismo incluso dentro de Harvard, un hombre gay obligado a esconder públicamente a quién amaba y alguien que, cuando tuvo la oportunidad de salvarse solo, eligió quedarse.
La guerra finalmente los separó. Ellos nunca quisieron hacerlo.








