El gobierno que prometió justicia social entrega agua contaminada a los barrios más vulnerables, mientras en el hospital público no hay ni un paracetamol.
Un año entero presumiendo de superávit fiscal, de “números ordenados”, mientras la gente pasó el verano sin agua. No alcanzó ni para una manguera, pero sí para 900 millones en Cultura —y hoy, el director de Cultura será nombrado concejal. Ahí están los resultados del presupuesto.
Ahora dicen que no hay plata, justo después de las elecciones.
Un año jactándose del “pago a tiempo a proveedores”, y hoy no pueden pagar horas extras en el hospital. Todo indica —ya no como dato, sino como percepción compartida— que si no te lo hacen pagar a vos aumentando tasas, no llegan ni a pagar sueldos.
Sí, leíste bien: las cagadas las pagás vos, mientras la gestión busca estirar la soga hasta el año que viene, cuando vuelvan los fondos que este año no supieron rendir: el Fondo Educativo, la plata del hospital, y un presupuesto inmenso que hoy nadie puede justificar.
La mentira es sistemática: el aeródromo, el tomógrafo, la planta para Reta… la lista no termina.
Siempre el mismo guion: confusión, propaganda y mentira.
Los únicos que mostramos pruebas somos nosotros —no por defender a la oposición, sino por defender la verdad—.
Y lo hacemos sin respaldo, mientras la oposición brilla por su ausencia.
Nadie nos defiende de quien usa una banca paga con tus impuestos para atacarnos.
La oposición es una postal vacía.
Prometieron una planta de ósmosis en Reta. Hicieron un pozo.
Construyeron una pileta olímpica para la foto con Kicillof, se usó dos meses y sigue costando millones.
En invierno, las escuelas no tuvieron calefacción, CRESTA suspendió clases, y hoy se hacen colectas para comprar botiquines.
Desde campaña prometen transporte urbano: no cumplieron.
El hijo del intendente, Santiago Garate, maneja una secretaría inventada a medida y posa en fotos con Franco Pegue, denunciado por clientelismo.
No hay explicaciones. No las necesitan: los medios aliados se las ahorran.
Hablan de diálogo, se sacan fotos con las Madres de Plaza de Mayo, pero no pueden sostener la mirada de quien pregunta.
Y cuando alguien pregunta, responden con ataques, usando incluso la banca de concejales —la que vos pagás— para intentar callar voces críticas.
Si querés preguntar, te corren del micrófono, salvo que el micrófono sea “amigo”.
Esto no es una investigación nueva ni un repaso exhaustivo.
Es una foto rápida de una gestión que no soporta su propio archivo.
Y lo más grave es que lo peor todavía no pasó:
en Tres Arroyos, las consecuencias recién empiezan.
DAVID NIZTZSCHMAMN






