Hay instituciones que parecen invisibles hasta que, de golpe, se convierten en orgullo de toda una ciudad. El Conservatorio de Música de Tres Arroyos es una de ellas: nacido en 1980 con apenas dos cátedras, sobrevivió a mudanzas, esperas interminables y edificios prestados, hasta transformarse en el corazón musical de la comunidad.
Hoy, en 2025, estrena un edificio propio en el Polo Educativo, moderno y luminoso, donde cada nota resuena con más fuerza que nunca. Pero detrás de esos muros hay una historia de sueños, decisiones políticas y protagonistas que dejaron todo para que la música tuviera casa propia.
De la casona al Polo Educativo

La primera sede fue en la Casa de la Cultura, luego en Falucho 661, y durante más de 40 años en Falucho 661. Allí se multiplicaron carreras —profesorados, tecnicaturas, música popular, instrumentos sinfónicos, canto— y nació la Orquesta Estudiantil en 2006, orgullo de la comunidad.
Pero la casona era siempre un espacio limitado. La gran pregunta seguía siendo: ¿cuándo el Conservatorio tendría su verdadera casa?

El Movimiento Vecinal y la decisión política
Ese sueño empezó a concretarse en 2020, cuando el Movimiento Vecinal, bajo la intendencia de Carlos Sánchez, puso en marcha la construcción de la nueva sede en el Polo Educativo.
Fue el Vecinalismo quien imaginó al Conservatorio como pieza central de ese polo, gestionó fondos provinciales, licitó la obra y la sostuvo aun en tiempos de parate.

El proyecto llevó la marca de Emiliano Monsalvo, arquitecto y referente vecinalista, que desde la Secretaría de Obras Públicas diseñó y acompañó cada detalle. Su visión quedó plasmada en un edificio de 2.200 m², con 16 aulas, biblioteca, buffet y salas de ensayo con aislamiento acústico.
Sin esa decisión política y ese trabajo técnico, Tres Arroyos seguiría esperando. Lo imposible se hizo realidad.

Protagonistas de una historia colectiva
Desde Faure de Schellnast, primera directora, hasta la actual conducción de Romina Piatti, el Conservatorio fue siempre obra de docentes y alumnos que sostuvieron la llama de la música. Pianistas, guitarristas, percusionistas, violinistas, cantantes: cada camada dejó huella en conciertos, festivales y en la formación de cientos de maestros que hoy enseñan en escuelas de toda la región.

Un punto de inflexión llegó en 2006, con la creación de la Orquesta Estudiantil bajo la dirección de Ana Colantonio y la batuta de Juan Marcos Rodríguez, exalumno formado en dirección orquestal. Fue el inicio de un sueño mayor: que Tres Arroyos tuviera su propia orquesta sinfónica. Ese semillero sigue vivo, ahora fortalecido por el nuevo edificio.
El sueño hecho música
El 22 de septiembre de 2025 se vivió la noche más esperada: el primer concierto en la nueva sede.
Sonaron Mozart y tango, Beethoven y folklore, candombe y canto popular. La Orquesta del Conservatorio cerró con el Himno a Tres Arroyos, y el aplauso fue unánime.
Generaciones que soñaron con este momento lo vivieron como un hito: el Conservatorio, por fin, tenía casa propia.
Más que un edificio: un símbolo
Hoy, el Conservatorio de Música de Tres Arroyos no es solo aulas y ladrillos: es identidad, memoria y futuro. Es el resultado de la perseverancia de su comunidad, de la visión política que lo impulsó y del talento de quienes lo sostuvieron durante 45 años.

Cada nota que suena en esos pasillos nuevos recuerda lo mismo: que la cultura, cuando se la siembra con paciencia, termina floreciendo más allá de gestiones, disputas y coyunturas.

El Conservatorio es, ante todo, un triunfo de la música y de quienes nunca dejaron de creer en ella.






