jueves, mayo 21, 2026
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Martín Menem y la interna libertaria: la “nueva política” también tiene sus viejas guerras de poder

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El conflicto alrededor de Martín Menem no importa solo por una cuenta de redes. Importa porque muestra algo más profundo: La Libertad Avanza también tiene internas, operaciones, disputas territoriales y peleas por poder.

Introducción

Durante años, La Libertad Avanza construyó una identidad política sobre una promesa simple: terminar con la casta, ordenar el Estado y romper con las prácticas de la vieja política.

Pero la política, tarde o temprano, siempre cobra entrada.

El caso de Martín Menem y la cuenta atribuida a él no debería leerse únicamente como una pelea tuitera. Menem lo negó, dijo que no le mintió al Presidente y pidió resolver las diferencias “en el vestuario”. El problema es que la discusión ya había dejado de ser privada.

La interna libertaria quedó a cielo abierto.

Martín Menem, Santiago Caputo y una pelea que expone algo más grande

El conflicto estalló alrededor de la cuenta “Periodista Rufus”, atribuida por sectores libertarios al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Él rechazó esa acusación y aseguró que se trató de una falsedad.

Pero más allá de quién manejaba o no manejaba una cuenta, lo importante es lo que la pelea dejó ver: dentro del Gobierno hay sectores que ya no solo discuten poder, sino también método, estrategia y control político.

De un lado aparece el armado territorial vinculado a Karina Milei, Martín Menem y otros dirigentes que buscan consolidar estructura en todo el país. Del otro, el sector asociado a Santiago Caputo, más enfocado en la comunicación, la batalla cultural y la estrategia presidencial.

La novedad no es que haya internas. La novedad es que el espacio que venía a denunciar las internas ajenas ahora empieza a mostrar las propias.

La “nueva política” también tiene operadores, bandos y rosca

La Libertad Avanza hizo de la épica anticasta una marca política. Señaló a los partidos tradicionales por sus acuerdos, sus negociaciones de pasillo, sus peleas internas y sus disputas por cargos.

Pero cuando un espacio llega al poder, la pureza discursiva se enfrenta con una realidad incómoda: gobernar también implica repartir lugares, ordenar ambiciones, disciplinar aliados, contener egos y sostener una estructura.

Eso no convierte automáticamente a todos en “casta”. Pero sí rompe el relato de que había un grupo de iluminados completamente distinto al resto de la política argentina.

La interna entre Menem y Caputo muestra que también ahí hay recelos, acusaciones cruzadas, cuentas paralelas, operaciones digitales, silencios estratégicos y dirigentes pensando en lo que viene después de 2027.

Es decir: política.

El problema de Milei no es solo la cuenta, es el poder

Javier Milei intenta aparecer como árbitro por encima de la pelea. Pero el conflicto lo toca de lleno porque enfrenta a dos zonas sensibles de su propio Gobierno: su hermana Karina Milei y Santiago Caputo, dos figuras centrales del esquema libertario.

La discusión no es únicamente personal. También es electoral.

Mientras un sector busca fortalecer el armado nacional de La Libertad Avanza, otro mira los acuerdos necesarios para sostener gobernabilidad y competitividad en una futura reelección. En el medio aparecen las PASO, el PRO, los gobernadores y la necesidad de sumar apoyos que no siempre están garantizados.

La política que Milei decía venir a dinamitar empieza a aparecer por la ventana.

Por qué esto también importa en Tres Arroyos

Aunque el escándalo no nació en Tres Arroyos, sí tiene lectura local.

La Libertad Avanza también construyó presencia en el interior con un discurso de ruptura, transparencia y rechazo a los privilegios políticos. Por eso, cuando a nivel nacional aparecen internas, operaciones y peleas de poder, la discusión baja inevitablemente a cada ciudad donde ese discurso buscó representación.

La pregunta no es si esto cambia mañana la vida cotidiana de los vecinos. La pregunta es otra: qué queda del relato de la “nueva política” cuando empieza a parecerse tanto a las prácticas que decía combatir.

Cierre editorial

Martín Menem negó haber mentido. El Gobierno intentó bajar la espuma. Milei buscó repartir gestos para cada lado.

Pero la imagen ya quedó instalada: la fuerza que llegó al poder prometiendo terminar con la vieja política también tiene sus propias guerras internas.

Y quizás ese sea el punto más incómodo: no que La Libertad Avanza tenga internas, sino que haya querido convencer a todos de que venía de un lugar donde esas cosas no existían.

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