domingo, junio 28, 2026
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Operación Claromecó

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La historia real del faro que confundió a la flota británica durante la Guerra de Malvinas

Por El Tresarroyense


Cuando el pueblo entero se volvió antena

Claromecó, otoño de 1982.
Mientras las tapas de Gente decían “Estamos ganando” y Crónica titulaba “¡Argentinazo!”, acá, en el silencio rural de un pueblo de 3.000 habitantes, algo mucho más importante estaba pasando.

Entre apagones, radios encendidas y un murmullo de guerra cada vez más cercano, un puñado de vecinos comunes —sin rango, sin uniforme, sin permisos oficiales— transformó al Faro de Claromecó en una torre de espionaje y sabotaje contra la Royal Navy británica.

La historia, casi olvidada por el museo local, no figura en los manuales. Pero pasó. Y fue real.


📡 Lito y la antena de mayonesa

Omar “Lito” López Cabañas era un técnico electromecánico y radioaficionado autodidacta, respetado en el pueblo. Entre perillas, soldadores y cableado, montó una antena casera usando un frasco de mayonesa de 5 kg.

Omar “Lito” López Cabañas

Una noche de abril, pescó algo que nadie esperaba: una señal británica en la que se hablaba de reabastecerse en la Isla Ascensión, base clave de los ingleses en medio del Atlántico.

“Ese dato lo motivó a contactar a un amigo marino en Puerto Belgrano”, recordó Rolando Flórez, del Museo Aníbal Paz.
“En esa casa se respiraba tensión. Ya no era un juego: daba miedo”.

Carlos Bancur, ladero de Lito en la operación

🧗‍♂️ El operativo en el faro

El Faro de Claromecó, con sus 278 escalones y su vista directa a las Islas Malvinas, se volvió clave. Pero Lito le tenía miedo a las alturas. Fue Carlos Bancur, otro vecino, quien se ató sogas a la cintura y subió hasta la punta para colocar la antena.

Hugo Cortés, quien lo acompañaba noche tras noche, lo decía en voz baja:

“Nos van a bombardear en cualquier momento”.

El resto del pueblo lo sabía, y lo cuidaba en silencio. En Claromecó, ser vecino pasó a ser un acto patriótico.


🛰️ Sabotaje puro: interferir y neutralizar

Desde Río Gallegos, los ingleses triangulaban señales con una radio local.
Lito la detectó. Y la saboteó directamente desde Claromecó, impidiendo que esa triangulación funcione. No sólo escuchaba: desactivaba.

Mientras tanto, las madrugadas se pasaban junto a la radio, anotando coordenadas, sonidos, códigos. Lito identificaba barcos enemigos sólo por el tono de ruido.

“Yo creo que en la base General Belgrano se gastaron millones… y desde acá hicimos más con un frasco de mayonesa”, repitió Flórez.


🎙️ La voz que desordenó a la flota

Detectaron que muchas órdenes en la flota británica eran emitidas por una locutora. Entonces Lito convocó a Susana Ferrando, vecina y traductora impecable.

Ella leía partes falsos —escritos por Lito— en inglés perfecto, imitando la jerga y el tono militar. Eso desató un caos de órdenes cruzadas y confusión dentro de los buques británicos.

“Los partes eran tan creíbles que los dejábamos hablando entre ellos sin saber qué hacer”, contaron.

La estrategia funcionaba: retrasaban salidas, desorientaban ataques, reubicaban posiciones. Una guerra electrónica, hecha en casa.


☎️ Línea directa, como si fueran comando central

Lito pidió una línea directa con las Fuerzas Armadas. En 1982, en Claromecó, conseguir un teléfono era casi imposible.

“Tenía que morirse alguien para que te den línea”, decía Cortés.

Pero al día siguiente, la cuadrilla ya estaba instalando el cableado. Sabían que esa conexión no era un lujo: era la entrada directa al corazón del enemigo.


🚢 La caza del HMS Invincible

El 30 de mayo, mientras tomaban mate frente a la radio, algo cambió: la señal del portaaviones HMS Invincible desapareció de golpe. Silencio total.

Ese día, seis aviones argentinos —dos Super Étendard con el último Exocet, cuatro A4 Skyhawk— se lanzaron al ataque.

Al día siguiente, los diarios titulaban:

“¡Le dimos al Invencible!”
“El orgullo británico fuera de combate”.

Pero en Claromecó, lo habían detectado antes que nadie.

“¡Nosotros ya lo sabíamos!”, repetía Hugo.

Los ingleses negaron el ataque. Pero los registros del radar en Malvinas, informes de pilotos y el propio testimonio del Príncipe Andrés —que estaba a bordo— lo contradicen.


🏅 Un final sin aplausos… y con viaje a Londres

Cuando terminó la guerra, las Fuerzas Armadas argentinas le ofrecieron a Lito una condecoración y un rango militar.
Él lo rechazó. Lo único que pidió fue que evaluaran su sistema de interferencia. Nunca lo hicieron.

Meses después, según su propio relato, militares británicos se contactaron con él formalmente. Lo invitaron a viajar a Gran Bretaña. Se fue. Nadie supo cuánto le pagaron. Ni qué firmó. Pero volvió sin el equipo.

Siempre que le preguntaban, Lito respondía con una sonrisa:

“Una potencia militar se interesó en mi invento”.


🕯️ Memoria de pueblo, gesta invisible

Lito falleció en 2013.
El faro sigue firme, ahora Monumento Histórico Provincial. Este año cumplió 100 años, y fue “vestido de gala”. Pero en el museo que está en su base, todavía no hay una sala que cuente esta historia.

Una historia donde los héroes no llevaban galones ni boinas verdes.
Llevaban sogas, linternas, herramientas viejas…
Y el deseo de hacer algo por su patria, desde donde les tocó estar.


📢 Que esta historia no quede en la penumbra

Si te emocionó, si te voló la cabeza o si querés que más gente conozca la Operación Claromecó, compartila.
Porque las grandes gestas también nacen en pueblos chicos.
Y porque hay veces —muy pocas— en que una antena hecha con un frasco de mayonesa puede ser más poderosa que un misil.

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