En las últimas horas, vecinos se comunicaron con eltresarroyense para denunciar la podas realizadas en los árboles públicos. Los mensajes hablan de un “asesinato” del arbolado y cuestionan que semejante intervención haya sido ejecutada por personal municipal y bajo la supervisión de la Dirección de Paseos Públicos poniendo en duda la capacidad del personal que ejecuta la tarea.
Más allá de lo subjetivo de las palabras, la denuncia abre una pregunta concreta: ¿Se respetaron las prácticas correctas de poda o se trató de una mutilación que pone en riesgo la salud de los árboles?
Qué dice la normativa
En la provincia de Buenos Aires, la Ley 12.276 de Arbolado Público prohíbe la extracción, tala, poda o cualquier acción que dañe un árbol de la vía pública sin autorización.
En Tres Arroyos, la Ordenanza 5095/02 refuerza este punto: el arbolado urbano es considerado un servicio público y solo puede ser intervenido por personal municipal especializado o idóneos autorizados. La norma es clara: la poda no es un acto improvisado ni meramente estético.
Cómo es una poda correcta
De acuerdo a los manuales técnicos de arboricultura urbana (FAUBA, INTA y municipios con planes de manejo), la poda adecuada:
- Se realiza en época de reposo vegetativo (final del invierno o comienzo de la primavera).
- Busca objetivos concretos: seguridad (ramas muertas o en riesgo de caída), sanidad (eliminar partes enfermas) o despeje controlado de infraestructura.
- Utiliza cortes limpios, respetando el “collar” de la rama para favorecer la cicatrización.
- Evita el descope o corte drástico de la copa, ya que este genera estrés, brotes débiles (“chupones”), riesgo de plagas y deterioro a largo plazo.
Lo que preocupa en este caso
En base al testimonio recibido, la intervención en el Cementerio habría consistido en cortes drásticos, reducciones severas de copa y posible eliminación masiva de ramas, sin un criterio técnico claro.
Si esto se confirma, no estaríamos ante una poda, sino ante una mutilación que:
- Reduce la capacidad fotosintética del árbol.
- Debilita su estructura natural.
- Lo expone a pudriciones y quiebres futuros.
- Acorta drásticamente su vida útil.
Preguntas que el Municipio debe responder
- ¿Quién autorizó la poda y con qué criterio técnico?
- ¿Fue realizada por personal con capacitación en arboricultura urbana?
- ¿Se evaluó el estado de cada árbol antes de intervenir?
- ¿Qué objetivo justificó cortes tan severos?
- ¿Qué plan de mantenimiento o reposición existe tras la intervención?
Conclusión
La poda es una herramienta de manejo urbano, no un recurso para “emprolijar” a cualquier costo. Cuando se ejecuta sin técnica ni planificación, se transforma en daño ambiental y pérdida de patrimonio público.
En este caso, las imágenes y el relato de vecinos merecen una explicación clara de parte del Municipio y una revisión seria de los protocolos que se aplican en nuestra ciudad.






