lunes, julio 27, 2026
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El hombre Tresarroyense que rompía 107 huevos por minuto y no quiso ir por el récord Guinness

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En resumen, si andás corto de tiempo

Carlos Julio Quinzio tenía un oficio tan extraño como fundamental: romper miles de huevos para fabricar fideos en Vizzolini. Según recordó, llegó a quebrar 107 en un minuto, aunque aquella marca nunca fue certificada oficialmente.

En la histórica fábrica de fideos Vizzolini hubo un oficio que hoy parece difícil de imaginar: una persona dedicada exclusivamente a romper miles de huevos para abastecer las máquinas. El encargado era Carlos Julio Quinzio, quien convirtió aquella tarea repetitiva en una destreza extraordinaria y, según contó años después, llegó a quebrar 107 huevos en apenas un minuto.

Su historia fue publicada en julio de 2005 por El Periodista de Tres Arroyos. La cifra no quedó registrada mediante una prueba oficial ni fue certificada por Guinness, pero formó parte de los desafíos que compañeros, visitantes y representantes comerciales le proponían dentro de la planta.

Cómo terminó convirtiéndose en el rompehuevos de Vizzolini

Quinzio había nacido en Oriente y antes de llegar a la industria fideera había trabajado como peón de albañil, lavacopas, mozo, herrero, camionero y empleado funerario. Ingresó a Vizzolini el 20 de julio de 1980, cuando tenía 30 años.

Primero fue destinado a una máquina que elaboraba fideos nido. También acomodó cargas y realizó repartos, hasta que un problema cardíaco obligó a asignarle una tarea menos pesada. Así llegó a la habitación donde se quebraban los huevos utilizados en la producción y terminó especializándose en una función que requería velocidad, coordinación y una enorme concentración.

La técnica para romper miles de huevos sin detenerse

Su jornada comenzaba a las dos de la madrugada. Al llegar encontraba una planilla con la cantidad que debía preparar para las máquinas. Trabajaba sentado, rodeado de maples, con un balde de veinte litros, un recipiente para las claras y las yemas, un colador y una pieza de hierro con forma de T que utilizaba para quebrar las cáscaras.

El movimiento se repetía casi de manera automática: tomaba el huevo, lo pasaba de una mano a la otra, lo golpeaba contra el hierro y separaba la cáscara. Después batía el contenido y lo filtraba para impedir que algún fragmento terminara en la mezcla.

La rapidez no era el único requisito. También debía revisar cada unidad, porque un huevo en mal estado podía arruinar todo el contenido acumulado y obligar a desecharlo, limpiar los recipientes y comenzar nuevamente.

Cuántos huevos rompía realmente por minuto

Quinzio aseguró que en una jornada podía procesar unas 3.000 docenas, equivalentes a 36.000 huevos. Si se toma como referencia su turno de ocho horas, esa cantidad representa un promedio general cercano a 75 huevos por minuto, incluyendo pausas, preparación, filtrado y traslado de los baldes.

Durante los desafíos podía acelerar todavía más. En uno de ellos, un viajante comenzó a cronometrarlo y abandonó la prueba al comprobar que había roto 50 huevos en 35 segundos. Quinzio continuó hasta completar el minuto y afirmó haber llegado a 107.

La publicación original también mencionaba 800 docenas por hora, pero ese número no coincide con las demás cifras: equivaldría a 160 huevos por minuto. Por esa razón, la referencia más coherente es tomar las 3.000 docenas como volumen diario y los 107 huevos como un pico alcanzado durante una prueba.

Por qué su marca no puede considerarse un récord Guinness

Quinzio contó que alguien propuso comunicarse con Guinness World Records, pero él no quiso avanzar. Sin una solicitud previa, reglas definidas, testigos, mediciones y evidencia aceptada por la organización, aquella velocidad no puede presentarse como un récord oficial.

Guinness publica una categoría de huevos quebrados con una sola mano cuyo registro es de 32 unidades en un minuto. La comparación, sin embargo, no es directa: esa prueba exige utilizar una sola mano y que ninguna cáscara caiga en los recipientes, mientras que Quinzio trabajaba con ambas manos, un hierro y un gran contenedor industrial.

Del trabajo manual al huevo en polvo

Los años de movimientos repetitivos le provocaron lesiones en manos y brazos, hasta que ya no pudo continuar. De acuerdo con su relato, tres trabajadores intentaron reemplazarlo, pero no lograron mantener el ritmo que necesitaban las máquinas y la fábrica comenzó a utilizar huevo en polvo.

La fachada de la fábrica de fideos en sus inicios

El huevo en polvo es un ovoproducto: se obtiene del contenido del huevo una vez retirada la cáscara y puede ser pasteurizado y deshidratado mediante secado industrial. Actualmente se utiliza en alimentos como mayonesas, panificados, budines, helados y pastas porque permite incorporar el ingrediente directamente al proceso productivo.

Un oficio insólito dentro de la historia industrial de Tres Arroyos

Vizzolini había sido fundada en 1906 y llegó a distribuir sus fideos en todo el país. Dentro de esa fábrica, Quinzio ocupó durante años un puesto que combinaba trabajo artesanal y producción a gran escala.

No existe una certificación que permita llamarlo el rompehuevos más veloz del mundo. Lo comprobable es que su historia conserva la memoria de una tarea desaparecida y de un trabajador que transformó un movimiento cotidiano en una habilidad difícil de igualar.

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