En resumen, si andás corto de tiempo
La marca nació de un almacén familiar, llegó a vender unos 200.000 litros mensuales en Tres Arroyos y la región, y cerró hacia fines de los años 80 después de un cambio profundo en las reglas del sector.
Durante décadas, miles de mesas de Tres Arroyos y la región tuvieron una botella con un apellido conocido: De Francesco. La marca llegó a vender alrededor de 200.000 litros de vino por mes, una cifra enorme para una empresa que prácticamente no salía del sudeste bonaerense.
Su historia comenzó con un pequeño almacén y terminó convertida en una compañía que tenía planta de fraccionamiento propia, una bodega en San Juan, un viñedo en Caucete, vagones tanque y distribución regional. Sin embargo, el vino no nacía en campos tresarroyenses: se elaboraba en la zona cuyana y se embotellaba en la ciudad.
De un almacén familiar al vino De Francesco
El origen se remonta a 1929, cuando el inmigrante italiano Vicente De Francesco abrió un almacén de ramos generales en la esquina de las avenidas Güemes y Rivadavia. Entre los productos que vendía había vino suelto, que llegaba principalmente desde Río Negro y se ofrecía en damajuanas.
Vicente murió en 1940, con apenas 48 años. Sus hijos Nicolás, Victorio y Osvaldo quedaron al frente del negocio familiar y comenzaron a transformarlo. Primero lo convirtieron en un comercio mayorista y, en 1945, fundaron De Francesco Hermanos, una firma dedicada al fraccionamiento y la venta de vinos.
En los primeros años, el producto llegaba a granel desde distintas bodegas. En un local de Güemes 45, el vino era colocado en botellas de vidrio, encorchado, etiquetado y acomodado en cajones de madera para su distribución.
Cómo se hacía el vino de Tres Arroyos
La marca era tresarroyense, pero las uvas no se cultivaban en el distrito. Al principio, la empresa compraba vinos de Río Negro y luego comenzó a abastecerse en Mendoza y San Juan. El fraccionamiento, el etiquetado, la distribución y buena parte de la actividad comercial sí se realizaban en Tres Arroyos.
El principal problema era que el sabor y el color cambiaban según la bodega proveedora. Para mantener una calidad más uniforme, en 1965 la familia compró una bodega en San Juan y posteriormente un viñedo de 40 hectáreas en Caucete.
Desde entonces, el vino se preparaba en la bodega sanjuanina y viajaba por ferrocarril hasta Tres Arroyos en tanques de 45.000 litros pertenecientes a la propia firma. Una vez aquí, era fraccionado en la planta de avenida Güemes, que llegó a ocupar gran parte de la manzana comprendida entre Rivadavia y Betolaza.
La sorprendente cifra de 200.000 litros por mes
En su momento de mayor actividad, de la planta tresarroyense salían alrededor de 200.000 litros mensuales. Es el equivalente a unas 200.000 botellas de un litro cada mes.
La compañía empleaba a 22 personas en la ciudad, mantenía trabajadores en la bodega sanjuanina y contrataba personal temporario durante la cosecha. A pesar de ese volumen, la mayor parte de su producción se vendía exclusivamente en Tres Arroyos y localidades cercanas.
Además de la etiqueta De Francesco, la empresa lanzó marcas más económicas como El Local y Topacio. También produjo una edición limitada denominada 80 Años.
La ley que cambió el negocio del vino
La fuente histórica original ubica el cambio legal en 1986, pero la norma fue sancionada el 30 de septiembre de 1984. Se trató de la Ley Nacional 23.149, que estableció que los vinos vendidos en envases menores de 930 centímetros cúbicos y mayores de 1.500 debían fraccionarse en la zona donde se producían las uvas.
La medida buscaba favorecer el envasado en las provincias productoras y facilitar los controles frente a las adulteraciones que se denunciaban en algunas plantas alejadas de las bodegas. No prohibía literalmente todos los envases fraccionados fuera de origen, pero afectaba formatos importantes, entre ellos las damajuanas, y produjo una reorganización profunda del mercado.
Las estadísticas históricas muestran el cambio: en San Juan, la proporción de vino fraccionado en origen pasó del 37,72% en 1984 al 69,99% en 1988. En el mismo período cayó con fuerza el volumen enviado a plantas ubicadas en otros puntos del país.
Según la reconstrucción histórica local, De Francesco Hermanos no pudo adaptar su estructura a este nuevo escenario y dejó de funcionar entre 1987 y 1988. Así desapareció una marca que durante décadas había formado parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Una marca tresarroyense, aunque las uvas vinieran de lejos
Decir que De Francesco fue un vino completamente producido en Tres Arroyos sería impreciso. Las uvas, la viña y la bodega estaban en San Juan. Lo verdaderamente local era la empresa familiar, la planta de fraccionamiento, el empleo, la distribución y una marca que construyó su identidad alrededor de la ciudad.
Ese detalle no le resta valor a la historia. Al contrario: muestra que Tres Arroyos llegó a tener una industria capaz de recibir vino a granel por ferrocarril, embotellar 200.000 litros por mes y abastecer durante años a buena parte del sudeste bonaerense.





De Francesco también tenían un vino Reserva envasado en botellas de 750 cl. Y agrego que hubo otra fraccionadora de vinos de la marca León de bodega Angel Furlotti en calle Mitre al 600 pegado a la vía de ferrocarril sobre mano derecha, como da cuenta la inscripción en el camión de la foto que ilustra la nota
Muy cierto el comentario del Sr. Uribe.