Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas,
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
de cada obstáculo haces tus herramientas,
y de cada experiencia, tus garantías.
¡No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya malherido!
Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo,
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo tu cabeza!
Autor; Pedro Bonifacio Palacios. Almafuerte.






