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En 1926, dos argentinos intrépidos, Eduardo Olivero y Bernardo Duggan, llevaron a cabo una de las mayores hazañas de la aviación nacional: un vuelo épico desde Nueva York hasta Buenos Aires a bordo del hidroavión Buenos Aires. Con esta historia, descubrirás cómo estos héroes enfrentaron desafíos monumentales, escribieron su nombre en los cielos y dejaron un legado que merece ser recordado.

El sueño de volar más lejos
Eduardo Alfredo Olivero, nacido en Tandil en 1896, fue un pionero de la aviación argentina. Obtuvo su brevet (licencia de piloto) en 1914, a los 17 años, y participó como aviador en la Primera Guerra Mundial en Italia, donde fue condecorado por su valentía. Su habilidad y espíritu innovador lo llevaron a soñar con grandes empresas en el campo de la aviación.

Bernardo Duggan, oriundo de Lincoln, Buenos Aires, compartía la misma pasión por la aventura. Además de ser aviador, Duggan era un entusiasta del automovilismo y en 1924 logró una proeza destacada al ganar tres etapas consecutivas en el Gran Premio de Automovilismo, incluyendo una exigente ruta entre Rosario y Córdoba. Esta experiencia demostraba su carácter determinado y su habilidad para enfrentar desafíos extremos.


Juntos, junto con el mecánico italiano Ernesto Campanelli, se embarcaron en una travesía que no solo pondría a prueba sus capacidades, sino que marcaría un hito en la historia de la aviación.

La travesía inolvidable
El 24 de mayo de 1926, el hidroavión Buenos Aires, un Savoia-Marchetti S-59 HR-5, despegó desde Miller Field, en Nueva York. La misión era ambiciosa: recorrer 14.859 kilómetros en 37 etapas hasta llegar a Buenos Aires.

Sin embargo, el camino estuvo plagado de desafíos. Durante el trayecto, en junio de 1926, la aeronave quedó sin combustible y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en plena selva amazónica brasileña. Este incidente generó gran preocupación en la Argentina, ya que durante días no se tuvo noticias de la tripulación. Finalmente, fueron rescatados por autoridades brasileñas, lo que les permitió reabastecerse y continuar la travesía.
Pese a las tormentas, los fallos técnicos y la incertidumbre constante, Olivero, Duggan y Campanelli lograron superar cada obstáculo, impulsados por una determinación inquebrantable.
La llegada triunfal
El 13 de agosto de 1926, el Buenos Aires acuatizó en la dársena norte del puerto de Buenos Aires. Miles de personas se congregaron para recibir a los héroes. Fotografías de la época inmortalizaron momentos de gran emoción, como el abrazo de los aviadores con sus madres en el hidropuerto. La hazaña fue celebrada como un símbolo del potencial argentino en la aviación.

Un legado que merece ser recordado
Hoy, el nombre de Bernardo Duggan y Eduardo Olivero se encuentra en lugares como la Avenida Olivero Duggan en Tres Arroyos, un pequeño homenaje que recuerda su valentía. Sin embargo, su historia merece un lugar más destacado en nuestra memoria colectiva.

El hidroavión Buenos Aires no solo cruzó cielos, sino también fronteras de lo posible, demostrando que los sueños grandes, cuando se enfrentan con coraje, pueden hacerse realidad. Su travesía sigue siendo una fuente de inspiración para quienes se atreven a desafiar los límites.
¿Qué opinás sobre esta historia?
Te invitamos a reflexionar y compartir. ¿Conocías la hazaña de Olivero y Duggan? ¿Qué sentís al saber que su historia está presente en Tres Arroyos a través del nombre de una avenida? ¡Dejanos tu opinión y sumate al rescate de estas historias que nos inspiran!






