Hay historias de lealtad que parecen ficción, pero esta es real. Hachikō fue un perro akita japonés nacido en 1923 que se convirtió en símbolo mundial de fidelidad.
Su dueño fue Hidesaburō Ueno, un profesor de la Universidad de Tokio que en 1924 lo llevó a vivir con él y juntos establecieron una rutina: cada tarde Hachikō lo esperaba en la estación de Shibuya para volver juntos a casa.

El 21 de mayo de 1925, Ueno murió repentinamente por una hemorragia cerebral y nunca regresó a la estación. Pero Hachikō siguió yendo cada día durante casi 10 años, sin faltar un solo día, esperando a su amo en el mismo andén donde lo despedía.

La historia conmovió primero a los viajeros y luego a todo Japón. Hachikō pasó de ser un perro más a un personaje querido: la gente le daba comida y compañía en la estación. Cuando finalmente murió el 8 de marzo de 1935, lo encontraron sentado, como siempre, cerca de las vías.
Hoy en Shibuya hay una estatua de bronce en su honor, y su historia inspiró libros, películas y memes alrededor del mundo.



